SEGUNDA
LUIS BRITO Fotografía y emoción

Doisneau dijo: "fotografiar es un acto que no tiene sentido si no se le hace un seguimiento al tema retratado". Lograr comunicación, preferiblemente verbal con los sujetos retratados, el no hacerlo así, era o lo es, actuar como un turista. Este pequeño detalle es el sentido humano que Robert Doisneau buscó en muchas de sus fotografías, personajes que fue tropezando por las solitarias calles de París. Luis Brito coincide, logra fotografiar los gestos humanos, se arriesga con el desamparo, sobre la intimidad de lo fotografiado. Rompe, transgrede la intimidad, porque si no, no hubiese historia de sus trabajos. Chillida peina las montañas en el país Vasco, rompe el espacio, creando esta obra monumental que forma parte de la historia de la creación. En el caso de Luis Brito, él ocupa un lugar particular en la imagen, está integrando el espacio, buscando las inscripciones y las formas del vacío, la grandeza del vacío, organiza las imágenes, donde la temática y lo abstracto conjugan, o mejor dicho protagonizan la condición humana desde ángulos extremos.

Serie Los Rostros

La sensación de pesadumbre y de asoleamiento es la obsesiva búsqueda sin fin de la esperanza, cuya concentración de imágenes transcurren en un universo de resonancias, de ricos matices de blancos, negros y grises, convertidos en una múltiple unidad semántica: su obsesión por lo temático: Los desterrados, Sobre la locura, Invertebrados éramos, Sabú y sus perros, La tortilla milagrosa, Relaciones paralelas, A ras de suelo, Rostros, crean religiosidad en estas imágenes.

Luis Brito, el fotógrafo, es el lado oscuro de la cámara, y la paradoja es que el cuarto oscuro es el lado claro. Ahí nace la imagen, el laboratorio es el cuarto alquímico, el cuarto donde se reproduce la realidad y los grandes sueños. Si reitera en estos temas, es porque de eso se trata, Brito trata de insistir en la percepción, es el obrador de imágenes.

Luis Brito deja un aporte fundamental a la fotografía venezolana; con su ojo nos ha llevado por distintos fragmentos del hombre, sus pies, sus rostros, sus manos, sus formas complejas y vividas.

En la Semana Santa caraqueña y sevillana conjuga una lucha de imágenes, el hombre con sus previsiones, ante las huellas del tiempo, con sus expresiones de silicio, de pesadumbre, volcados en la pena, en la angustia, en el sufrir, buscando la paz, la reconciliación de sus almas, a través de Dios, de la crucifixión, de la fe. El otro con sus sentimientos. Brito ve el que anda, él se ve en ellos, se identifica en la poética de la vida, creando iconos. Iconos de una poética superior, de una visión rica de múltiples imágenes. ¿En qué tiempo este fotógrafo ha logrado tantas imágenes? Sencillamente por sus perturbaciones, por sus inquietudes, su fetichismo, su insistente deseo de ver y de hacer fotografías. Brito salta las humillaciones, salta la apatía y la desidia, denuncia el que no existan críticos, analistas, investigadores serios y profundos sobre el arte de la fotografía. Como no soy crítico, no me importa insistir que estamos ante uno de los más grandes fotógrafos de América, desde el norte hasta la Patagonia.

   
Serie La Semana Santa

En las fotografías de Brito, tenemos que hablar de emoción. La fotografía si no tiene emoción no es imagen. Él crea, llena el universo de metáforas, logra con los instintos ideas, obsesiones. Aquí es donde está el detalle, el detalle de la obsesión. Sus fotografías han recorrido el asombro, capturando paisajes, cartas de presentación, retratos de escritores, artistas plásticos, autorretratos testimoniales, artísticos, fotografías para la historia, y así podemos hablar de miles de temas, formas, situaciones particulares. Él es un creador desde la primera luz que recibió hasta la sombra de la oscuridad. La cámara oscura implica el espacio interior íntimo, la intimidad íntima bachelariana. "Lo que habría que expresar es la grandeza oculta", eso otro que está más allá de lo posible, "ante la inmensidad inmóvil de su profundidad".

Sus fotografías revelan numerosas impresiones de la sensibilidad cotidiana, ahondan y analizan las variadas costumbres del hombre en su lugar y tiempo. Imágenes que contribuyen a mostrarnos la mirada captada a fin de milenio, y que nos mostrará para el próximo inventario como seres fundadores de un mundo en proceso.

Si no recuerdo mal, Leonardo Da Vinci le pedía a sus alumnos que observaran bien las grietas antiguas para que su percepción del tiempo fuese lo real. Así ve Brito: en nuestras grietas internas, en nuestro mundo interior, en la lejanía donde se sienten los sentidos, donde el gusto abre sus geometrías, donde el solitario se cobija en los negativos, en cada punto del negativo que signifique vida, obra, acción, instante, luz, cuerpo, alma, en la creación, en el acto de fundar, de concebir, de redimensionar los espacios imposibles y a los seres humanos.

El ojo de Brito es la visión sagrada.

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