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TRES MIRADAS PARA SEGUIR A LUIS BRITO Enrique Hernández-DJesús "La
naturaleza que habla a la cámara es distinta
Todas
las fotografías son © Luis Brito Esta muestra única en la fotografía venezolana, presentada en el Museo de Bellas Artes. Y contrario al modo de ver si Brito se involucra con los seres tristes, creo que Brito es la poética del cuerpo, en donde no deben existir fronteras en los sentimientos, es la melancolía del caminante, es la cara del anciano que es sabio, es fuente de conocimiento, y es tiempo, es una mirada de vida, no de muerte, ni de desolación, por eso los desterrados, los que están en el borde, en la línea mínima del desolado, del nostálgico y también, como lo habla María Elena Ramos en el texto de presentación del catálogo: "Brito convierte el sufrimiento o la enfermedad mental de unos pocos en testimonio para el mundo; transfigura la depresión en forma, y sobre todo y a esto le temen los artistas aunque saben que en el fondo están condenados a ello- transforma inevitablemente el mal en belleza".
Brito es erotismo y el antierotismo, es la fotografía íntima, la fotografía secreta, las metáforas de la nostalgia, su iconografía trenza en la pupila y se configura en la imagen que siempre quiso ser, en el lenguaje incorporado a la realidad representada. El hombre mostrando su sombra, los pies descubiertos, los pies manchados, ansiosos por aparecer, por moverse. En el Jardín del Horror, estos seres congenian con alma, sueño, vida en paredes, Brito las capta en color. Fotografías obvias, en éxtasis, donde la mirada en el aire se sujeta en lo más puro de la ingenuidad. Seres desnudos que arrastran las escaleras de la visión malentendida del mundo, y se transfiguran en ¿Recuerdas a Eleonor Rigby?, ángeles, fragmentos de ángeles, enredados en el cielo con sus alas de fuerza beatleriana, entre lo más frágil y perturbado del cuerpo murmura la soledad, desde este lado, de esta realidad que la convirtió en fotografía, en imagen que se estremece y solloza, con los movimientos libres en el propio revestimiento de su propia piel gateando y estallante en llamas. Imágenes fluidas. O en las palabras del crítico Juan Carlos Palenzuela: "Quizá Luis Brito no ha hecho otra cosa que fotografiar desgarramientos del tránsito humano, lo que sería la única manera de alcanzar o aproximarnos al cielo, es decir, la eternidad". Son fotografías y nada más. El resultado en el papel conserva su pureza inicial. Registra la realidad, registra el instante transformado en tiempo permanente, en imagen para siempre. La fotografía carga el aire de caligrafías poéticas, es la cámara íntima. El ojo y la cámara capaz de captar, de mostrarnos a nosotros mismos, nuestras almas descubiertas, nuestros cuerpos al borde de los abismos, de los precipicios, creados en ese trazo de dudas. Mallarmé se refería a la imagen fotográfica como el paso del hombre en el espacio oscuro al paso de los fragmentos que no se pueden tocar. En este caso, el tiempo libre del laboratorio y del ojo conciben ese negativo que en positivo nos muestra lo imposible, lo inalcanzable.
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