Reinterpretación de la Villa 258 Oficina
de Arquitectura (ODA) Rafael Pereira
Topos La operación de modelado del objeto arquitectónico -intención patente en el proyecto original del arquitecto Alberto Manrique- fue sustituida por la conformación de un lugar (de allí la oportuna idea de Topos como categoría de análisis en este caso). Este nuevo propósito condujo al equipo de ODA a inclinarse por la definición de una estrategia basada en la producción de situaciones espaciales intensificadas como reemplazamiento de la producción de un modelo arquitectónico.
La aprehensión del espíritu del lugar -genius loci- demandaría del proyecto de transformación, además de la comprensión del relieve del terreno, aquella de las limitaciones que las fundaciones, las columnas y los muros del nivel sótano, ya construidos, habrían de imponer a la hora de plantear nuevos valores perceptuales para la secuenciación espacial. En esto, precisamente, residió el tema medular de la reinterpretación de la villa 258 con respecto al proyecto original. Tales conceptos fueron instrumentados mediante el énfasis en la articulación de los espacios internos con los externos y la reducción del contraste entre los ambientes y los recorridos, en cuanto a su calificación como eventos espaciales.
La estrategia situacional adoptada se basaría, pues, en dos operaciones -dentro de las restricciones que, reiteramos, fijaban el proyecto original como preexistencia a causa de las obras ya ejecutadas. La primera estrategia consistiría en la reconfiguración del objeto arquitectónico a partir de una comprensión de las circunstancias, tan diversas por específicas, lo cual se tradujo en el ensayo -dentro del marco de la cultura arquitectónica contemporánea- como referente de una constante mediación entre los propietarios, el proyecto original y el proyecto de transformación, para producir la intensificación deseada de los espacios, ahora concebidos como eventos secuenciados, mediante la acentuación de los elementos arquitectónicos con fines expresivos (magnificación en la altura de los entrepisos, extremación de la esbeltez de las columnas, prolongación de los aleros y las losas). La segunda estrategia consistió en la aplicación del principio de heterarquía (igualdad de tratamiento) para los recintos y las áreas de circulación, producto de lo cual éstas fueron ampliadas y franqueadas, según una conceptualización de tales intersticios como interfases, es decir, planteando intercambios de información en la valorización plástica de dichos espacios, considerando la diversidad de sus funciones: estar y transitar. Tipos La nueva diferenciación caracterizadora de las fachadas principales (norte y sur), relativamente homogéneas en el proyecto original, condujeron a acentuar la solidez de aquella contigua a la calle (borde sur de la parcela), al punto de poder prescindir del ubicuo muro exterior de las quintas venezolanas; mientras que la correspondiente a la dirección norte del terreno, sería objeto de una desmaterialización extrema para acrecentar así la interespacialidad de los ambientes interiores con el jardín y con la vista lejana cerrada por El Ávila.
El contraste de opacidad y transparencia conferido por el proyecto de transformación a las fachadas principales de la obra en cuestión, es motivo suficiente para constatar que tal operación dio lugar a cambios importantes en la tipología arquitectónica a la cual es referible. Obviamente, virtud del modo en que se implanta en el terreno, la diversidad de ambientes sutilmente caracterizados y el modo en que estos han sido secuenciados y articulados intra e interespacialmente, resulta ineludible aludir a la villa. Pero, tal como fue señalado inicialmente, en el proyecto original era patente la intención de modelar un objeto, de allí la coherencia con la argumentable homogeneidad de sus fachadas, dando así lugar al símil con las villas florentinas: cajas horadadas que se imponen sobre un terreno de notables vistas sin que se produzca interespacialidad alguna de los ambientes interiores con el exterior.
En el caso de la propuesta de ODA, la maximización del contraste entre la materialidad de su fachada sur con la inmaterialidad de su fachada norte evoca más bien, de acuerdo a nuestra percepción, a la villa veneta, más tardía y evolucionada que la florentina -tal como la perfiló Andrea Palladio-, articulada espacialmente con el exterior y respondiendo a la situación particular de lo acontecido más allá de sus fachadas. Tal es el caso de la villa Foscari o Malcontenta, en la cual la fachada al canal del Brenta, vía fluvial de acceso, es notoriamente más cerrada, por las escasas dimensiones y número de ventanas, que aquella fachada posterior, la cual se abre a los campos de cultivo como efecto del incremento en la fenestración. Techne La caracterización de mayor opacidad a mayor transparencia en las fachadas sur y norte, respectivamente, confirió a la villa 258 una imagen arquitectónica híbrida. Esta constituiría la causa del contraste tan marcado en la naturaleza de los materiales seleccionados según una estética pragmática. La imagen de solidez buscada para la fachada sur -hacia la cual no se asoma ningún recinto sino que es contigua a los recorridos longitudinales- se obtuvo a través de un muro de concreto revestido en su base en piedra (absorbiendo la pendiente de la calle) y en su elevación en ladrillo. Las horadaciones de este muro para lograr los vanos de acceso e iluminación fueron resueltas con los materiales predominantes en la ligera fachada opuesta: vidrio y acero. Estos materiales son idóneos para la perseguida imagen arquitectónica desmaterializada de la fachada norte, la cual recorre los volúmenes cuyas caras configuran las superficies vidriadas, evitando así la interferencia visual desde cualquiera de los ambientes que se articulan francamente con el exterior.
Los materiales de la villa 258 determinan, pues, su doble imagen arquitectónica -de allí su ya señalado carácter híbrido- al punto tal que se llega a transformar perceptualmente su sectorización volumétrica. En efecto, en el proyecto original, la delimitación de los volúmenes estaba marcada, como tradicionalmente ocurre, por el contorno de sus muros y techos: dos volúmenes conectados por un puente apergolado. En cambio, como efecto sensorial del proyecto de transformación materializado, la línea divisoria de la volumetría ahora es trazable paralela al muro de la fachada sur y a partir del muro norte de las escaleras y baños, obteniéndose así un volumen sólido (continente de las circulaciones) y, contiguamente, una secuencia de ambientes organizados en L, cuya celebrada transparencia permite la incorporación del caney situado al oeste. Esta reconfiguración volumétrica perceptual, sumada los cambios argumentados en el plano de lo tipológico (de la villa florentina a la veneta como paradigma situacional), evidencian que la transformación de la villa 258 es corpórea y no facial.
Fotos: Francisco Trujillo [ Volver ] |