Trampas
fotográficas
Apuntes sobre la obra de Déborah Castillo
Lorena González

Déborah Castillo es
una joven artista venezolana que ha dedicado gran parte de su trabajo
al estudio y la investigación de la imagen fotográfica
como un importante medio de expresión para abordar una de
las preocupaciones fundamentales de nuestro tiempo: los diversos
estereotipos que la cultura contemporánea instaura sobre
nosotros en su incansable producción de códigos visuales.
Traductora imparable del
complejo mundo le ha tocado vivir, Débora explora en los
problemas de la veracidad de la imagen fotográfica y en las
capacidades de la fotografía para funcionar como documento
irrefutable y testimonio de lo real. A partir de esta duda, de este
eslabón perdido de la cultura contemporánea, la artista
indaga en los territorios de la imagen preconcebida, proponiendo
trampas fotográficas mediante la construcción de impecables
puestas en escena, donde la escogencia deliberada de ángulos
clásicos, la simulación de situaciones preconcebidas,
la sustitución y el intercambio de códigos visuales,
así como la creación de personajes y escenarios, desencadenan
en la distorsión con la cual redobla la duda y fractura la
lógica visual, una subversión de las convenciones
de la imagen a través de la cual activa dispositivos que
generan en el espectador certezas inexistentes, situaciones visuales
que han sido manipuladas deliberadamente por el propio fotógrafo.
Para la artista, el engaño es tan sutil, debido a que todo
simula ser real, que el espectador se retira de la obra con la seguridad
de que todo lo que ha visto “es”.
Es así como Déborah
ha desarrollado un amplio cuerpo de trabajo en torno a la imagen
fotográfica y a su poder en la sociedad actual, preocupada
por inventar y narrar historias con las cuales elabora dramas personales
y sociales, que constituyen, finalmente, un importante reflejo de
los mecanismos de producción de símbolos, mitos y
necesidades que genera constantemente nuestro vasto y envolvente
mundo contemporáneo.

Dentro de este cuerpo de
trabajo destaca su interés por los temas de la pornografía
femenina y su crítica a los estereotipos y a las percepciones,
tanto de lo femenino como de lo masculino, que esta tradicional
industria visual ha producido durante años. A partir de esta
preocupación, Débora llevó a término
durante el año pasado dos exitoso trabajos, con el primero,
titulado Calendarios 2003, obtuvo el segundo premio en el VI Salón
CANTV Jóvenes con FIA, y con su reciente instalación
titulada Fantasías I, obtuvo el primer lugar en la XI Edición
del reconocido premio Eugenio Mendoza.
Según palabras de
la propia artista su interés por el discurso de la pornografía
no reside en una aprehensión por la corriente feminista ingenua
que denuncia la utilización del cuerpo femenino como objeto,
su interés se centra en la atracción de este discurso
como fenómeno social, ligado al deseo masculino y al consumo
de la mujer por medio de la imagen. El interés de Déborah
en la industria pornográfica reside en sus capacidades como
potencia económica y en la obsesiva tradición masculina
de la estampa femenina como huésped recurrente de la memoria
sexual.
Usando su propio cuerpo como
campo de representación, Déborah siempre ha estado
interesada en la puesta en escena y en la creación de realidades
al momento de fotografiar. Fotografía y simulacro son usados
por la artista como herramientas y aliados perfectos de estas hiperrealidades
o “realidades construidas”. Sus fines como operadora
de imágenes no son más que un juego, un dispositivo
en manos del espectador para que reelabore una historia, se identifique
con un hecho y caiga en la trampa, una trampa ficcional que al consumar
su engaño sobre “aquel que mira”, desemboca en
lo que aparentemente se oculta en la cualidad performática,
autorrepresentativa y lúdica del trabajo de Déborah:
una reflexión crítica sobre los códigos y estereotipos
que gobiernan y dirigen la sociedad actual.