Disgresiones acerca del erotismo
Erotismo y Literatura
Guillermo Pozo Pradas
Psiquiatra-Psicoanalista

El erotismo lo vivenciamos
como una forma singular de la sexualidad, pasando a ser una afirmación
ferviente de la vida que postulamos como valor de la existencia
humana, llegándose al extremo, desde las reflexiones de Georges
Bataille a encontrar en el erotismo “la aprobación
de la vida hasta en la muerte”. Este último punto permite
entrever un desfilar hacia la muerte acompañada de belleza
tras el impulso del presente en su instante infinito del placer
y búsqueda de una desnudez fundamental.
Erotismo viene de Eros, Dios
del amor en la mitología griega, marcándose la diferencia
con la actividad sexual de reproducción, que se encuentra
presente tanto en el hombre como en el animal y que sólo
el primero logra sumarle una capacidad que es la de su potencial
actividad erótica y amorosa.
Cabe dejar en claro que la
vida sexual humana no es inequívocamente erótica puesto
que puede quedarse limitada al plano de lo simplemente animal. Al
respecto, se puede citar la deformación de un supuesto “machismo”
o “feminismo”, con roles pre-establecidos que conllevan
obligaciones de actuaciones, suerte de “máquinas sexuales”
que testimonian, en la relación sexual, la ausencia del erotismo.
Muy diferente es, dentro de
la fantasía, un imaginario de posibilidades excesivas y voluptuosas
de la vida que son develadas por la vía del erotismo en el
que este pasa a ser el lugar de la articulación de la palabra
sobre un cuerpo representado bajo determinadas posturas y partes
erógenas, retórica erótica o lenguaje que va
más allá de los cuerpos.
Dentro de la línea
del pensar de Bataille, el erotismo puede llegar a ser el nombre
mismo de la experiencia que el ser puede hacer de lo sagrado, independientemente
de la religión, acercándonos, desde el exceso al “dominio
de la violencia y de la violación” con su equivalencia
de príncipe del mal y de la fiesta dionisíaca, dejando
como secuela la disolución de formas sociales estructuradas
tras el adoptar como forma aquella de la transgresión, de
lo prohibido. A la vez, el erotismo nos facilita el luchar por la
libertad, contrarrestando los eslabones negativos que representan
los discursos autoritarios, dictaduras, la guerra y, a final de
cuentas, la intolerancia.
El erotismo, vestido con su
embriaguez, será también, en su unión de deseo
y delirio, una columna eréctil, inamovible, claro desafío
a la tiranía de la razón y el peso de las convenciones,
perfilándose como borrachera del sentir y de la piel, placer
y más placer.
En esta dinámica del
deseo y del placer, la irrupción libidinal desconcierta el
espíritu, modifica estados de conciencia y provoca esa bella
confusión que deja el tiempo detenido para arribar al éxtasis
que conduce al ser, en cuerpo y vivencias, a las puertas del vértigo
del anudamiento del ello y del super-yo bajo la explosión
del placer.
Diremos que el erotismo es
desarrollar la pasión, también la memoria arquetipal
y el imaginario sobre un momento de deleite corporal. Nietzsche
nos dijo: “Con el placer como hilo conductor, el hombre deja
de ser un artista siendo él mismo la obra de Arte”.
Vemos, detrás de ello, que los amantes eróticos son
artistas que esculpen en el placer del deseo y en el deseo del placer.
El erotismo ante la sociedad
es el fantasma amenazante capaz de romper diques de vigilancia dado
que convoca y reúne todos los sentidos en un mismo tiempo.
El goce y encuentro con el deseo, estará en el poder jugar
con los fantasmas en vez de encerrarlos.
Cabe puntualizar que en lo
erótico nos encontramos en la orilla contraria de la perversión,
esta última, al estar ligada a la represión, crea
obscenidad y tiende a negar la vida, mientras que el erotismo es
alzamiento del deseo y de la libertad.
En su dimensión de
placer, el erotismo es una suerte de regreso a la infancia con sus
juegos, frescura, espontaneidad, gratuidad y profundidad del tiempo.
Es la cultura quien en el camino a recorrer conduce al niño,
ese “perverso polimorfo” desde la descripción
freudiana, bajo el pretexto de una “normalidad” a ser
un “perverso monomorfo”, con la concurrencia de la familia,
la escuela, el trabajo y el Estado, llevándolo a ser un niño
paradójicamente endurecido y avergonzado, potencialmente
asomable a los ventanales de la pornografía.
Mientras, con la emergencia
del erotismo, el caminar es entre callejuelas y avenidas, bajo ruido,
olores y colores, vía del hombre más completo, sin
mutilación, encontrándose, dentro de la perspectiva
del deseo, donde los sentimientos de culpa dejan de tener cabida.
Sobre la escena erótica,
esta queda marcada, más allá de la relación
sexual, cuando el erotismo roza la mirada, acaricia la piel o escucha
unas palabras. Es de descartar que las formulas o ingredientes mecánicamente
pre-establecidos se oponen al erotismo que necesita del atractivo
y del velamiento o de lo que se muestra para que la imaginación
se devele, teniendo que ver el erotismo con la tensión del
surgir y no mostrar junto a los obstáculos para alcanzar
lo deseado.
Lo erótico siendo lo
desapercibido que súbitamente hace presencia, es el rapto,
lo inquietante, el desacomodo, el peligro con la dimensión
del placer de la sexualidad y la creatividad. Dado que el amor es
elevación y apertura, el erotismo, que entra en juego en
tanto imaginación, siendo sin lugar a dudas un crecimiento,
el entregarse al erotismo es familiarizarse en el amor que nos baña,
desde la pulsión volcánica a la conciencia, uniendo
el erotismo sensualidad e inteligencia, lascividad y placer.
Quizás, sin erotismo
no hay amor, pero este traspasa el cuerpo deseado y busca a la persona
plena, siendo el amor, por excelencia, una elección y el
erotismo aceptación. Finalmente, desde el erotismo estamos
ante nuestro encuentro, en otra vía del autoconocerse y por
ende, cuanto más nos conocemos, más eróticos
podremos ser.
Erotismo y Literatura
El erotismo se convierte en
formas narrativas que pueden ser poéticas, noveladas, ensayos,
hasta una escritura fragmentaria sobre el deseo, siendo tal escritura
un abanico abierto desde un polo de sensibilidad y belleza al de
la provocación, la violencia, el pensar escandaloso. En total,
en su conjunto y particularidad, parábola mágica de
la vida.
El fin de lo escritural erótico
es la excitación del lector, en donde se alude a la imposible
concreción del deseo o a su concreción desde otra
vertiente de la esperada. Si bien el erotismo se insinúa
en la descripción, el clímax residirá en las
palabras.
En función de deslindar
erotismo y pornografía, señalamos que en la escritura
pornográfica el sexo es el eje que pone en movimiento el
texto, jugando más a la erección, al efectismo y al
espejismo sexual, mientras que en la escritura erótica lo
que está en juego es el lenguaje como proceso creativo por
lo que se puede afirmar que la pornografía literaria es el
analfabetismo de la fantasía en acción que, invocando
a la hipertrofia, hiperclaridad de lo explícito y la inmediatez,
termina exponiéndose al tedio, mientras que lo erótico,
siendo búsqueda, persigue el fuego devastador de los sentidos
que en estilo poetisa y, atravesando barreras, a diferencia de la
pornografía, permite el volar de los sexos.
Mientras mayor sea la insinuación
y más velada, más erótico será el texto,
provocando en el lector el afloramiento de sus fantasías,
entendiéndose el erotismo como principio del placer y posterior
sublimación mística del mismo. No queremos dejar de
lado el factor cultural que en el erotismo nos dará variables
para un oriental, un musulmán, un cristiano, etc.
También entra en consideración
que el erotismo tiene además una dimensión subjetiva
y cada quien podrá encontrarlo en un lugar diferente e insólito,
estando el enigma del erotismo en cualquier detalle que inquiete
los sentidos. Se habla de fantasías desde una imaginación
que permanece insatisfecha y, siendo el cuerpo humano sensible a
las palabras, la literatura lo afecta y al causar efectos físicos
es Literatura, como toda Literatura. Por lo tanto, en un sentido
amplio, dada la relación del autor con su texto, que es íntima
y fantasmal, todo texto propio es erótico por lo que cabe
afirmar que ser escritor es sentir el placer de la lengua.
Obras desde la más
lejana antigüedad han elevado loas al erotismo y como breve
e injusto itinerario solo daré algunas citas relacionadas,
desde diferentes épocas, con brillantes páginas eróticas,
corriendo el reto que al estar prácticamente todo dicho,
cabe repetir y dar nacimiento a otra variante del relato.
Los antiguos griegos practicaron
abiertamente la literatura erótica, cantando en sus comedias
al falo; también los romanos; los textos sagrados védicos
con las celebraciones y éxtasis hindúes; llevando
la mirada a la China de la antigüedad, leemos gran riqueza
erótica dentro de un exquisito refinamiento; el Imperio del
Sol Naciente vierte fuerza desafiando límites y, en el Medio
Oriente se crea ensoñación y música.
En el Medioevo se da un especial
tratamiento a la lujuria, siendo objeto de persecución y
denuncia. Saltando al amor cortés cantado por los trovadores,
estamos ante claros transgresores del orden social de su época.
La Celestina o Tragicomedia
de Calixto y Melibea, de Fernando Rojas cierra la literatura medieval
para insinuarse en la frontera del Renacimiento con una expresividad
rodeada por el deseo sensual, el ansia de los placeres libidinosos
con el goce de los sentidos atravesado, desde lo erótico,
por el temor a lo corporal.
Entrando en el Siglo VXI,
Pierre de Ronsard es el poeta del Renacimiento francés, renovador
de la lírica francesa, poeta que canta al amor y poetiza
lo erótico. No eludieron la fascinación por la carne
y su dimensión erótica Maquiavelo, del Siglo XVI,
como tampoco los dos Grandes del Siglo XVII: Cervantes y Shakespeare.
Quiero detenerme brevemente
en Abelardo y Eloisa, en donde el amor no vence a la muerte pero
la integra a la vida, sirviendo a la muerte como puente de unión
de los amantes. Amor y erotismo que nos recuerda a Quevedo en su
soneto: “Polvo seré, mas polvo enamorado”, este
último, pionero de los libertinos del Siglo XVII.
La Ilustración, Siglo
XVIII, encuentra la nueva comedia con Marivaux describiendo las
vivencias y ambivalencias del Eros en el encuentro amoroso. Donatien
Alphonse François de Sade, nos entrega “Justine, o
los infortunios de la virtud”, literatura maldita y moralizante
que eleva la pasión hacia extremos límites, ubicando
la felicidad en el puro placer.
El Romanticismo, entra en
el Siglo XIX con sus gritos secretos aportándonos la concepción
erótica de Flaubert, la pasión en rojo y negro de
Stendhal, las flores del mal de Baudelaire y el amor desenfrenado
de Werther en Goethe.
Del Siglo XX, mi citar continúa
mutilante y destaco la ética de los deseos locos en Henry
Miller y la exploración del amor y de lo erótico en
la mujer con Anaïs Nin, ramo literario, florido por sus detalles,
sutilezas y ramificaciones psicológicas en la búsqueda
de la libertad de actuar desde el deseo, enfrentándose contra
las ataduras, prejuicios y culpabilidad, llevando a la palabra el
apasionado relato de su vida dentro de un lirismo tenso y descarnado
en el que expresa sus emociones más profundas junto a sus
experiencias eróticas.
Con Nabokov, el erotismo es
más sexuado.
Apollinaire nos deja once
mil vergas en un escrito lúbrico y Bataille sus agudas reflexiones
y escritos.
De nuestro idioma nos encontramos
con el juego fogoso de Rubén Darío; con la represión
y lujuria de una Andalucía convertida en mujer en Lorca;
con el mar, la luna y el amor, destellos y eclipses, metáforas
e imágenes en Neruda y Alberti; Cela es el académico
irreverente; Cortázar elogia un erotismo discreto y profundo;
Octavio Paz nos ilumina con La llama doble; Esther Tusquets exploradora
contemporánea de lo erótico amoroso femenino como
también Ana Teresa Torres e Irene Frei González quien
con Tu nombre escrito en el agua expresa con un lenguaje poético
sensual la relación lésbica dando a la vez una bella
mirada al mito de Narciso, desde la imagen del espejo y, dejando
de mencionar a toda una pléyade de autores y obras, finalizo
citando a Michel Houellebecq con sus “animáculas elementales”
que sueñan en como hacer de la relación sexual un
eterno retorno.
Próximos a finalizar,
nos hacemos eco de la siguiente reflexión de Feuerbach: “Todos
los hombres son buenos en la alegría y el placer, malos en
la tristeza”.
¿Qué esperamos,
rompiendo encadenamientos, para promover el erotismo y la apertura
al deseo con su océano de placer?