El juego de lo simultáneo
 


Auraelena Pizani

I

Los sótanos de los centros culturales son más propicios para albergar movimientos poco comunes. Movimientos subterráneos. En la pequeña y oscura Sala Experimental del CELARG aquí en Caracas, tuvimos la satisfacción de presenciar un encuentro sui generis entre artistas de diferentes disciplinas.

Músicos, bailarines y actores se dieron cita entre los días 14 y 16 de Noviembre de 2003, para participar en el Festival de Improvisación Día 4/5. Este encuentro de creadores es una producción especial de la Compañía Neodanza, dirigida por Inés Rojas. Desde hace más de cuatro años se ha venido propiciando el intercambio artístico entre intérpretes de la música, de la danza y del teatro en nuestra ciudad. Este encuentro sin precedentes, fue presentado como parte del proyecto cultural de Neodanza al CONAC en 1998, por su directora y el bailarín y coreógrafo cubano Alexey Taran, para ese entonces director artístico de la Compañía. El primer Festival se realizó bajo los auspicios de la Embajada Norteamericana, gracias a lo cual maestros de la improvisación como Jennifer Monson y Crysa Parkinson vinieron a impartir talleres en Caracas.

El interés en este tema en nuestro país surgió a principio de los años 90, como una inquietud por las técnicas de improvisación desarrolladas en Europa y los Estados Unidos. El ejemplo más claro de esta influencia, se remonta al Festival de Danza Postmoderna, que hace poco más de diez años se llevó a cabo en las aulas del antiguo Instituto Superior de Danza de Los Cortijos, dirigido en ese momento por Carlos Paolillo. El bailarín y coreógrafo venezolano David Zambrano fue el “cultor” y promotor principal de estas tendencias. En el Festival que dirigió por espacio de tres años, Zambrano brindó el lujo de aprender de maestros altamente calificados, todo tipo de herramientas que aún hoy siguen explorándose entre los estudiantes y profesionales de la danza en Venezuela. Mark Thompkins (Paris), Jennifer Monson, Jeremy Nelson (Nueva York), Loyd Newson (Londres), Julien Hamilton (Escocia), entre otros, son algunos de los que impulsaron con su enseñanza un movimiento que ha dado sus frutos. Actualmente, David Zambrano es uno de los docentes más reconocidos en el exterior por su investigación y desarrollo en el tema de la improvisación.

Neodanza ha venido trabajando con métodos de improvisación desde hace más de diez años. En sus coreografías, este elemento es parte fundamental, no sólo de la investigación sobre el lenguaje corporal auténtico o personal del bailarín, sino de escenas enteras basadas expresamente en improvisaciones. La compañía se vio en la necesidad de realizar un encuentro anual, especializado en difundir la exploración del material personal de los intérpretes y las ideas de los coreógrafos por la vía experimental; y esto se traducía en idear un encuentro que buscara escenificar lo que ocurría en el laboratorio de la imaginación, lo que suscitaba el instante espontáneo e irrepetible del hecho escénico. El Festival de Improvisación Día 4/5 organizado por Neodanza, convocó en tres días buena parte de los intérpretes dedicados a esta investigación artística de la improvisación en escena, la cual adquiere, día a día, una mayor relevancia como instrumento formativo y como herramienta experimental de integración multidisciplinaria.

En esta oportunidad, la escena desnuda invocó la sinergia vertiginosa-luminosa-tumultuosa de este encuentro irrepetible. Un juego simultáneo de compositores en situaciones atípicas. La improvisación es una acción inmediata, una respuesta irrevocable; supone, pues, una prueba del instinto.

En la vida cotidiana la improvisación resulta una habilidad prodigiosa y salvadora. En la vida extra-ordinaria del espacio escénico, la improvisación puede ser considerada como un instrumento de exploración, como una herramienta de expansión de las posibilidades. Así mismo, la improvisación en escena no sólo es un elemento que puede incluirse o no en la composición, sino que funciona como estructura autónoma, es decir, es una composición en sí misma. A partir de esta premisa, la investigación abierta en torno al arte de la improvisación en las artes escénicas ha sido, hasta hace poco, una investigación sin fin. Para componer: improvisar, porque los elementos (gesto, sonido, palabra) necesitan adquirir un movimiento que, al menos, exige ser auténtico, y por lo tanto, espontáneo. El proceso de composición (en el arte) parece implicar un progreso de elementos yuxtapuestos. ¿No hay en esto un deseo irracional de armonizar fragmentos francamente disociados y caóticos? Crear un orden, y encontrar para el arte un gesto verdadero, he aquí una especie de peregrinaje. Hay en esto, una vía para escribir una nueva pieza de teatro, de crear una coreografía “nunca vista”, o de descubrir una nueva “tonal”. En otras palabras, de encontrar un lenguaje auténtico. Pero tomemos en cuenta que al improvisar, quizá estemos generando más un movimiento de integración que una ruptura de innovación.

II

Como parte del espíritu integrador del encuentro, artistas plásticos fueron invitados a intervenir el espacio: la Sala Experimental acogió en sus paredes negras 15 dibujos de Javier León, una muestra de fotografías de Lenin Ovalles y una serie de dibujos de Karla Molina.

Viernes 14

Se reunieron bailarines que comparten una formación y un lenguaje bastante parecidos entre sí, lo cual le dio un carácter homogéneo a las improvisaciones; basadas en una exploración llamada “del movimiento por el movimiento”, donde el concepto es predominantemente plástico y no situacional. Es decir, no se busca narrar una historia, se busca una atmósfera y un juego plástico, un juego corporal y no teatral en el sentido de la situación o el personaje. Coincidieron los improvisadores que mayor lenguaje común comparten entre sí, entre ellos los bailarines de Neodanza (Inés Rojas, Arais Batlle, Auraelena Pisani), Caracas Roja Laboratorio (Ilse León, Isabel Story y Rafael Nieves, director) y 100% Impro (Rommel Nieves, Indira Nuñez), así como Mariangel Romero (Taller Libre de Danza). Mariana Tamaris, bailarina de Danzahoy, tomó un reto poco común entre los intérpretes, un camino que linda con las fronteras del teatro, explorando una imagen de lo femenino no exenta de ironía; fue desarrollando una aproximación teatral en el sentido del enfoque del personaje, a través del lenguaje físico. La música estuvo a cargo de un solo DJ, Kike Millán, quien se abocó a explorar en una noche, la conexión necesaria del flujo ininterrumpido de bailarines -entre una escena y otra- y la música que simultáneamente compuso, en búsqueda de la sinergia de las múltiples atmósferas incipientes en una improvisación de este tipo. El segundo día del Festival estaría enfocado en un sentido harto diferente del primero, lo que da una idea de la amplitud de posibilidades que da, a las artes escénicas, el instrumento de versatilidad y destreza que exige el arte de la improvisación.

Sábado 15

El coreógrafo de Six son Seis, Hernán Vargas intervino con un experimento personal basado en la improvisación. Se apareció en el Celarg con su sofá aterciopelado color naranja y cuatro bailarines, en función de adaptar su propuesta al ascensor de carga del Departamento de Artes Visuales del recinto.
Acurrucados en los escalones de una escalera estrecha y oscura, los espectadores presenciaron el movimiento del pequeño universo de una situación cotidiana: ver una película en la tv se transforma de pronto en un deseo irrefrenable de poder y control; a manos de un cuarteto de intérpretes de amplia trayectoria: Lucia Lacabana, Mariana Tamaris, Ezequiel Vázquez y Yayo Castillo. En este trabajo puede apreciarse claramente la integración del juego puramente físico con la construcción gradual de una situación tragicómica. El paso del juego corporal a la situación teatral ha sido investigado ampliamente por la escuela de teatro físico en diferentes partes del mundo. En nuestro país, uno de los ejemplos de sistematización de improvisaciones que van del movimiento a la actuación, lo encontramos en el trabajo de Río Teatro Caribe, dirigido por Francisco Denis; las piezas están escritas y compuestas a partir de las propuestas de los actores, apoyadas en un esquema inicial de improvisaciones.

Volviendo a nuestro festival, la apuesta por el humor fue el punto en común de los improvisadores del sábado. Armando (bailarín) y Karen Díaz, (cantante del Taller de Técnica Vocal y Repertorio Fedora Alemán), en su “Consagración al perro”, sacudieron las expectativas formales del sketch de comedia, proponiendo sorpresivamente, entre canto y baile, un happening de bombazos de agua sobre el portón de la Sala Experimental. Con la propuesta que incluye elementos del clown callejero de Catalina del Castillo, se introdujo la participación de los malabaristas colombianos Coco y Nene. En una atmósfera más íntima Ana Chin A Loy junto a Mariaelisa Al Cheik y Marinera Matos abrieron sus ojos al interior del cuerpo para dejarlo hablar desde el oscuro recinto de sus movimientos casi abandonados al inconsciente. Y desde esa nota oscura comenzó el descenso arbitrario de la escena hacia la noche negra, como llaman los griegos el paso de las horas nocturnas. Esa noche, la sala albergó informalmente más de ochenta personas. Como dice la superstición popular, los sábados el Diablo anda suelto. El 15 de noviembre, fue la noche de la banda El supremo hongo imaginario. Utan, el vocalista de la banda, un flautista que asemeja un juglar medieval de temperamento volcánico y vocación diletante, viajó desde el rincón de sus lentes oscuros al centro negro del escenario, donde se iba cocinando la expectativa generada por una diversidad de sonidos hipnóticos; lo que hizo de la oscuridad un territorio virtual de vibraciones suis generis. La banda parecía sacada de un suburbio londinense, lo que satisfizo los delirios descocados de alguna infortunada caraqueña en sintonizar el desaparecido programa sabatino Later with Jools Holland. Con la participación especial de Yoshio Hama en la percusión, se dio inicio a la parte más esperada del programa: el final. Para cerrar se da inicio al jam session, donde tienen la libertad de participar todos los presentes, incluyendo al público. Un verdadero revoltillo entre música, danza y elementos espontáneos del happening.

Domingo 16

Sin la colaboración de Marek Wesolowski (cítara) el festival seguramente habría sido menos diverso a nivel musical. Gracias a sus contactos pudimos tener un fin de semana variado en este sentido. La tarde del domingo se inició con una improvisación de cítara y tablas hindúes a manos de Wesolowski y Gerardo Avendaño, quienes se explayaron en tocar durante media hora. Primero tocaron para los bailarines Luis Villasmil y su compañera Juliana Marcano, una espontánea del público que el día anterior se había lanzado sobre el escenario con toda su energía. Una señora que con todas sus buenas intenciones fue a escuchar un concierto de cítara, no se libró de verse envuelta en la persecución de Luis y la corpulenta Juliana, quien en un instante de arrebato creativo, decidió posarse por unos segundos sobre las rodillas finísimas de la dama. La improvisación de cítara y tablas continuó unos veinte minutos más con la intervención del violinista del grupo Gandharvas Jesús Morales Jr., durante la ejecución sutil de movimientos y caídas de los bailarines del Taller Libre de Danza dirigida por Mariangel Romero. Caída y recuperación es un principio básico en el aprendizaje de la danza de técnica contemporánea y especialmente en la tradición postmoderna. En otro sentido, en la caída del grupo Gandharvas está el encanto del abandono y la muerte en la versión tanguera de La Danza Macabra. Interpretada por el violinista Jesús Morales Jr., el bandoneonísta Eduardo Galean, el bajista Samuel Campos y el guitarrista Jesús Escobar, esta pieza acompañó al grupo de bailarinas del Taller de Danza de Caracas. Al invitar a bailar al público con ellas, se rompe definitivamente el hielo de la disposición escénica “a la italiana” y la sala adquiere su verdadero sentido polivalente: a manera de pista, un baile de salón ecléctico y espontáneo con visos de tango se dio cita en el centro del escenario. La calle festiva en el hoyo mágico del teatro. En escena todo acontecimiento cotidiano adquiere un matiz irreal, casi onírico. Seguidamente, el momento espectacular de la noche, la ronda donde se reta el talento y la destreza de los ejecutantes del popping, el hip-hop, el rapeo. La hora del funk. Con Shiver Flay y un grupo de improvisadores de cualidades físicas extraordinarias.

El revoltillo (session jam) del 16 estuvo en manos de la agrupación Sontizon en el hall de la Casa Rómulo Gallegos. Acompañaron la participación de la Compañía Espacio Alterno dirigido por Rafael González y las bailarinas de Neodanza: Inés Rojas, Arais Vigil y Auraelena Pizani. Con la descarga final de Sontizon -cuya presencia debemos a la colaboración de Ernesto Figueroa y sus compañeros- concluyen tres días consecutivos de intercambio y encuentro.


 
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