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Quizá uno de los rasgos más resaltantes de la espiritualidad latinoamericana sea su sincretismo religioso. Dentro de ese indefinible espacio de una fantasiosa realidad que compone nuestro más entrañable ser, convergen y se entrelazan mitos y rituales de los más diversos orígenes y procedencias. En el mismo calderón donde se mezclaron biologías de origen americano, africano y caucásico, se entretejió la esencia de nuestra espiritualidad. Figuras mitológicas amerindias, santos cristianos y ritos africanos convergen para crear algunas de las más dinámicas religiones de la humanidad, religiones abiertas que, en transformación continua, incorporan el más amplio espectro de tradiciones, héroes históricos o figuras populares. Como extraordinaria muestra del sincretismo religioso de la América Latina y de nuestra capacidad para incorporar día a día nuevas formas de espiritualidad, encontramos el culto de María Lionza. Una de las características más resaltantes de la figura mitológica de María Lionza es la de sus múltiples atributos. Agrupando las diversas versiones de la leyenda como factores constituyentes de un mismo mito, María Lionza es un clásico ejemplo de la complejidad y polivalencia del arquetipo de la Gran Madre. El arte de los períodos Neolítico y Chalcolítico se caracteriza por el aumento de las manifestaciones y representaciones de Grandes Diosas. Con el desarrollo de las diferentes mitologías, los diversos atributos de las diosas, anteriormente concentrados en el carácter global de la Gran Madre, fueron proyectados y distribuidos en diferentes diosas. Esto, al menos, lo podemos observar en el desarrollo religioso de la antigua Grecia y el Asia Menor. Este fenómeno traducido al lenguaje psicológico equivale a decir que la totalidad de la forma psicológica o arquetipo, representado por la diosa, fue escindido por el mayor desarrollo de la consciencia. Ahora bien, ¿cuál es el significado de que una figura mitológica con semejanzas a las diosas de la tradición pre-indoeuropea y de las viejas mitologías universales se mantenga y aumente su fuerza como personaje de devoción religiosa en un país latinoamericano contemporáneo? ¿Qué nos dice Maria Lionza con su cuerpo musculoso, su torso desnudo? ¿qué dicen las aguas del río Yaracuy, el goteo de los siete licores, el humo de un tabaco en los cuatro caminos del universo? Como mitología viviente y como culto en expansión, María Lionza abriga un mensaje, un pedazo de significado hablándole al espíritu de un segmento importante de la población que aprecia y entiende su lenguaje. Pero su sentido, su simbolismo, es tal vez más general, y como expresión de la función religiosa de un pueblo, se refiere a un aspecto compensador de la consciencia colectiva. Es ese aspecto el que intentaremos indagar y para ello presentaremos, primeramente, una serie de paralelos mitológicos que muestran la universalidad del arquetipo para luego pasar a su interpretación psicológica. María Lionza es la reina, madre o diosa principal del culto que lleva su nombre. En general, es una diosa protectora de la naturaleza, dueña de los animales, de las plantas, lagos, ríos, lluvias, montañas y minerales. Según algunas versiones, María Lionza vive en un bello palacio situado en una cueva, bajo un lago en las montañas de Sorte, Estado Yaracuy. Se encuentra rodeada de animales, espíritus subordinados y el alma de personas que están pagando los servicios prestados por la diosa. Está sentada en un trono de serpientes acompañada por un león y un macho cabrío. Es representada montando un tapir, un jabalí, o un jaguar. En la Autopista del Este, principal arteria vial de Caracas, donde recibía numerosas flores y ofrendas, la estatua del escultor Alejandro Colina la mostraba sobre una danta con los senos desnudos y los musculosos brazos levantados. Esta es una expresión bastante común en la estatuaria primitiva de las Grandes Madres egipcias y mediterráneas, símbolo de la religiosidad que inspiraban dichas diosas como fuente nutricia de vida del "principio femenino". María Lionza contiene una serie de contradicciones. Por un lado, es una virgen, ya que en sus orígenes era una doncella, un india joven y virgen, también identificada con la Virgen María. Para muchos estudiosos de la psicología de la religión como Karl Kerenyi, Carl Gustav Jung o Erich Neumann, lo femenino en su carácter de Gran Madre es "Virgen", un principio creador independiente del hombre personalizado, el poder y la riqueza de lo femenino aparte, más allá, del "principio masculino". Por el otro lado, María Lionza es una prostituta sensual, una seductora que atrae a los hombres como la Lorelei teutónica. Este último es un aspecto del mito amazónico básico de Yara, Uyara o Wauyara, la mujer bella de los ríos y de la selva, la deidad acuática que atrae a los hombres hasta su palacio subfluvial. De la misma forma compleja, María Lionza es una diosa de los bosques y praderas, "la doncella de los animales" y de la naturaleza salvaje que es al mismo tiempo una diosa de la fertilidad, patrona de la vegetación que otorga la fertilidad a los campos y a los humanos. Sobre su desarrollo mitológico cabe recordar que María Lionza era una india caquetío de ojos claros que según la leyenda debía pertenecer a las serpientes y espíritus acuáticos. La india fue raptada por una gigante serpiente anaconda la cual murió inmediatamente y después de una inundación María Lionza ocupó el reino de la serpiente. Posteriormente la reina fue extendiendo su poder hacia otros niveles de la naturaleza. El mismo patrón de desarrollo lo encontramos en la Gran Diosa Siria del Ras Shamrah quien, en el principio, era la ninfa de un lago y luego comenzó a extender sus poderes hasta convertirse en diosa de las plantas y animales. Los diferentes estudiosos y las autoridades
en el tema tienden a discutir aspectos que son desde nuestro punto
de vista innecesarios. Algunos folkloristas, por ejemplo, comparan
a María Lionza con Yemanyá. Otros autores opinan que
eso es imposible ya que los negros Yoruba nunca llegaron a Venezuela.
El que los Yoruba hayan o no llegado a Venezuela no aumenta o disminuye
la veracidad del hecho de que la deidad venezolana tenga características
o atributos parecidos a Yemanyá. Como ha sido claramente
demostrado por los especialistas en religiones y mitologías
comparadas, así como por la antropología estructural
y la psicología analítica, figuras mitológicas
parecidas aparecen no solamente en la totalidad del continente americano
sino que cubren distancias de África a Europa, de Asia Menor
a la India y de Indochina a Oceanía. ¿Por qué
el hombre representa sus dioses en formas tan parecidas en todos
los continentes del mundo? La imposibilidad de explicar por migraciones
y transculturación la ubicuidad de los símbolos en
las diferentes partes del mundo nos lleva a pensar en la tendencia
humana (y que es de esperar que el hombre tenga una condición
humana y que reacciones ante el mundo en forma de hombre y no de
reptil) a responder espontáneamente ante el mundo con determinadas
características que llevan a símbolos parecidos. Son
estas estructuras o formas de percibir el medio ambiente dentro
de ciertos límites a las que llamamos, en psicología,
"arquetipos". En la mitología amazónica brasileña, principalmente entre las tribus Tupi, existe una serpiente de fuego, Boitatá, que es la protectora de la selva, el agua y los animales. Esta serpiente acompaña habitualmente al Caapora o dueño de los animales. En Bahía, el Caapoara es suplantado por su esposa la Kaicara y relacionado con Tatacy otra deidad femenina parecida a la mujer del bosque. Caapora, Cúpira o Kurupira, cabalga en una danta, un jabalí o un jaguar y, al igual que María Lionza, es el dueño de la selva, cuida las bestias salvajes y persigue al cazador que mata a los animales sin necesidad. La conexión entre culebras o serpientes, lagos y deidades femeninas es un símbolo bastante común para el arquetipo de la Gran Madre y es de frecuente aparición en todas las mitologías universales. Lo podemos observar, por ejemplo, en la Gran Madre Maya, Ixchel, la diosa lunar de las inundaciones en cuya cabeza descansa una serpiente. En México, éste es un patrón común: la madre terrible de los indios Cora como serpiente lunar acuática; la mujer serpiente de los aztecas que otorgaba fertilidad a plantas y animales; la diosa obsidiana de la caza quien fue, en sus orígenes, un dragón en un lago; las deidades serpientes, madres de los indios Hichol que consideran sagrados las fuentes y los ríos.
Bachué, la tierra madre y madre
de los hombres para algunas tribus Muisca, se sumergió en
un lago y se convirtió en una enorme serpiente. Las diosas
Madres fenicias, al igual que otras diosas mediterráneas,
son representadas acompañadas por culebras y Kuma, el espíritu
supremo de los Yaruro del Orinoco, es seguida (o) por una serpiente
y un jaguar divinos. Estos dos animales en una constelación
determinada representan el aspecto masculino, el lado terrible y
devorador del arquetipo, la urobórica y destructora mujer
serpiente: la Medusa, Hécate, la Equidma. Los esquimales
de Labrador creen en algunas diosas dueñas de los animales
de tierra y en otras, como Sedma, doncellas de los peces. De la
misma forma, entre los indios de la zona del Roraima, en la Gran
Sabana de Venezuela y Brasil, la mujer de Rato es una madre acuática
dueña de los peces. Estos últimos paralelos son bastante
interesantes ya que las prácticas shamanísticas relacionadas
con esas diosas tienen algunas similitudes con las prácticas En muchas figuras de la Creta Minoica, la Gran Madre aparece como doncella de las aguas sosteniendo culebras o sentada con animales y culebras a sus pies. Hay una gran cantidad de cabezas de serpiente relacionadas con torrentes y ríos. Como parte del simbolismo de las diosas de los períodos Neolítico y Chalcolítico representa la función regeneradora de las fuerzas de vida, las diosas eran flanqueadas por animales caracterizados por su fuerza física. En Creta la Gran Madre reina sobre la vida salvaje o cultivada y aparece asociada con toros, machos cabrios y leones. En Knossos la doncella de los animales aparece en el tope de una montaña flanqueada por dos leones. Las grandes diosas egeas son principalmente diosas de la fertilidad con poderes sobre las plantas y los animales. Son diosas procreativas con caderas o vírgenes guerreras que avanzan escoltadas por leones y gobiernan las bestias salvajes. Sin embargo, es posible encontrar en Creta formas más específicas de las bestias en las figuras de Dictyna y en la Britomartis, la virgen dulce, la cazadora que fue premiada por Artemisa por su castidad cuando huyó de Minos. Las grandes diosas cretenses y las de Asia Menor parecen haber influenciado la Gran Madre helénica Rhea quien en Asia Menor era considerada madre de la Montaña y era relacionada con animales. Esta alteración se debió principalmente a la Cibeles frigia, la diosa de la Tierra y su aspecto salvaje primitivo. Cybeles era adorada en el tope de las montañas y dominaba animales que generalmente la acompañaban. Es representada sentada en un trono flanqueado por dos leones o en una carrera tirada por los mismos animales. Astargatis, la diosa madre Siria es también representada sentada sobre dos leones al igual que Atheh la diosa Cilicia o la mesopotámica Lilith de la noche, alada, entronizada sobre leones. Como señalamos anteriormente, María
Lionza es una Señora de Bestias Asociada con la virginidad
al igual que con sensualidad y fertilidad. Pueden ser positiva y
benévola o puede tener un carácter vengativo, oscuro;
castigando a la gente, pidiendo tributos o convirtiendo a los seres
humanos en piedras, todo dependiendo en su justicia caprichosa y
de su estado de humor. Estas
La helénica Artemis Agrotera es
una joven virgen de la caza quien recorre regiones salvajes y montañas
llenas de torrentes ríos, acompañada por ninfas y
oceánidas. Ella es la pura y la fuerte rodeada de animales.
Es acompañada por perros cazadores y ciervos y supuestamente
era una osa, en tiempos primitivos cuando Grecia tenía una
fauna más tropical una leona. Durante los festivales anuales
de Artemisa los perros de caza eran coronados y las bestias salvajes
no eran molestadas. Como en el caso de María Lionza, los
hombres que intervenían en el reino Artemis tenían
que pagar tributo porque si no eran castigados. Así fue el
caso de los dos jóvenes atenienses que mataron al oso que
había herido a su hermana, o el caso de Agamenón que
había matado a un ciervo sagrado. Artemis podía ser
vengativa, salvaje y cruel como con Actaeon y Kallisto; la Artemis
Brauronia quien pedía la consagración de niñas
y castigaba con la locura; la Artemis Trauria que pedía sangre
y sacrificios humanos en Laconia, o la Artemis Orthia que pedía
flagelación de jóvenes en Esparta. Vale la pena señalar
que la costumbre de flagelarse en sacrificio a la diosa la encontramos
también en el culto de María Lionza en donde algunos
peregrinos de Sorte se flagelan antes de cruzar los ríos
y poder subir la montaña hacia el altar principal de la Reina.
Al mismo tiempo, ambas diosas podían ser benevolentes trayendo Como diosa lunar Artemis era a veces identificada con Hécate. María Lionza comparte también algunas características de las diosas lunares Chibchas y la deidad universal Nabusa. Artemis en su carácter de diosa lunar presidía el nacimiento de los niños y ayudaba a las mujeres en el parto. La Artemis Arcadia refleja la feminidad divina de la naturaleza, su belleza, extrañeza y pureza, al mismo tiempo que refleja su aspecto oscuro y salvaje. Por otro lado, la Señora de los Animales cretence y las Grandes Diosas del Asia Menor aparecen en la ciudad de Efeso como una Artemis lista para la maternidad, como una diosa de la fertilidad. Es representada con una túnica con animales y múltiples senos. En Efeso, se celebraba una vez al año una fiesta en honor a Artemis Diatis como divinidad de las aguas, manantiales y lagos. Ella otorgaba fertilidad a plantas y animales. La Gran Diosa del Avesta, Ardvi, una deidad primitiva de aguas, al igual que Anahita de Irán, Nana o Nanaia de Babilonia y Mesopotamia, y Astarte de Fenicia fueron identificadas con Artemis en India. En Delos era una diosa orgiástica y lasciva. En el sur de Cicilia la Artemis Sarpendonia suplantó a las diosas asiáticas y daba oráculos a través de sacerdotes y médiums que eran poseídos por la diosa y caían en éxtasis divino. Llama la atención al leer las descripciones de los ritos la similitud que tienen con los rituales mágicos del culto de María Lionza. Según Frazer, como Artemis era originalmente una gran diosa de la fertilidad y por cuestión de principio la que fertiliza debe tener un consorte masculino, encontramos en Troezen al hijo de Teseo, Hipólito, como amante de Artemis. Existe el mismo paralelo en la Diana de los romanos y Virbius en Nemi. Vale la pena mencionar que las aguas de la gruta en Nemi eran usadas, como los ríos en las montañas de Sorte, para curar a los enfermos. La señora de las bestias era invocada para curar las enfermedades. Con esto queda visto que la figura de Artemis es bastante compleja y al igual que la María Lionza, los principios contrastantes de virginidad y fertilidad, benevolencia y rigurosidad fueron unidos en la misma deidad. Artemis fue posteriormente asociada con Isis y el eslabón conector fue Bast, la diosa gata de Egipto. La diosa arcadia tiene relaciones y es a veces confundida con múltiples figuras femeninas como Kalisto, Diktinna, Britomartis, Hécate, Diana, etc... La lista de Señoras de Animales podría continuarse interminablemente. Pasiphae, Circe, Europa, Tauropolos, o la diosa Beocia de las bestia que domina los tres reinos de agua, tierra y aire simbolizados por el pez, el lobo y el pájaro, son algunos ejemplos. Por último queremos mencionar que la figura de la señora de las bestias conectada con Eros, como en María Lionza donde la magia de amor es un aspecto importante del culto, la encontramos también en la antigua Grecia. Afrodita en la región de Troya no era únicamente una diosa del amor ya que aparecía acompañada por animales salvajes y relacionada con la madre de los dioses. En los himnos Homéricos es una doncella de los animales seguida por leones, lobos, osos y leopardos, que se alegra y llena el corazón de las bestias con amor.
El símbolo para la Venezuela de hoy Desde un punto de vista racionalista o del respetado "sentido común", el mayor desarrollo de un país debería estar acompañado por una disminución en el pensamiento mágico de la población. No deja de ser un fenómeno bastante interesante el que rituales y prácticas religiosas con características tan arcaicas como las del Culto de María Lionza estén aumentando y expandiéndose en la Venezuela contemporánea en vez de disminuir. A pesar de haber existido antes de la conquista espíritus de la naturaleza parecidos a María Lionza, casi todos los interesados en el tema afirman que la rápida expansión de las actividades relacionadas con la diosa es bastante reciente. Antolinez considera que el nacimiento de la forma actual del culto fue el 1936 y son pocos los autores que lo sitúan antes del gobierno del general Gómez. En cualquier caso, existe una falta general de documentos referentes al culto durante el siglo pasado. Una de las características mitológicas mas resaltantes de la figura de María Lionza es su aspecto de "Señora de los Animales". Ahora bien, la pregunta que nos interesa es la siguiente: ¿Qué hace una "Señora de los Animales" en una secta religiosa de un país petrolero del siglo XXI? Para llegar a una interpretación aproximada de esta figura mitológica hay que considerar que el símbolo tiene, por lo menos, dos significados diferentes según estemos hablando del hombre en la Edad de Hierro o del hombre en la edad de los servomecanismos y las modificaciones en el código genético. En el primer piso, el símbolo religioso representaba un aspecto de la consciencia colectiva de ese momento histórico, un logro en el proceso por el cual un sistema consciente emerge de la psique inconsciente y se instala como nuevo principio regulador. En el segundo caso, la figura religiosa viene a representar simbólicamente un aspecto no aceptado dentro del "status quo" una compensación por el sobre-énfasis de las actitudes conscientes y la psicología del ego, una invasión irracional. Otro punto importante para la interpretación es que la "Señora de las Bestias" no se enfrenta, por lo general, con los animales sino que los domina y le pertenecen, y, lo que es más, no sólo los domina sino que muchas veces los protege como es el caso de María Lionza. Cualquiera que sea el tipo de manifestación de las múltiples diosas que tienen similitudes con la diosa venezolana, todas pueden ser englobadas en lo que se ha dado por llamar el arqutetipo de la Gran Madre, en una epifanía muy particular que es la de "Doncella de las Bestias". María Lionza como reina de la naturaleza, como gobernante y protectora de los animales es una expresión simbólica de un principio que rige sobre los poderes animales de la psique, el indómito e instintivo inconsciente. El mundo del inconsciente es experimentado simbólicamente como el mundo de la naturaleza y los animales y a diferencia del principio masculino de la consciencia, orientado hacia el "logos", la figura femenina que rige dicha naturaleza es una expresión de la jerarquía propia del mundo natural. Como es factible, deducir del arte, mitologías y religiones universales, el hombre, como ser eminentemente simbólico, ha tenido que vivenciar por proyección sobre los animales la gran cantidad de sus pulsiones inconscientes. Cuando el hombre postula en un sistema
religioso una diosa ya totalmente humana que controla y ordena el
mundo animal, una autoridad sobre las pulsiones instintivas, está
señalando un principio psíquico, superior a lo instintivo
y específicamente humano, que mantiene un orden en la psique
no reflexiva. Este principio tiene características particulares
diferentes al sistema consciente como lo podemos observar en la
serie de dualidades presentes en María Lionza. La virgen
que fertiliza representa la fase de desarrollo psicológico
de un matriarcado inconsciente donde lo femenino establece un orden
sin la actividad divisoria de la consciencia. El espíritu
femenino domina por igual sobre las polaridades y, sin oponerse
al orden natural, representa un principio de organización
que servirá de base para la conciencia sensorial y motora
(es una diosa del mundo animal y por lo tanto más evolucionado
que el vegetal) que mantendrá el ego y la civilización. Así como el orden jerárquico
del cuerpo subordina los órganos individuales y exige el
sacrificio de su independencia en favor de la totalidad (del organismo),
así la Gran Madre exige sacrificios en todos lados. Pero
aquí el sacrificio implica una renuncia voluntaria en favor
de un contexto mayor que abarca la vida entera y por lo tanto la
existencia humana... Dado que la unidad de la vida es un fenómeno
central dentro de la situación de la organización
psíquica, cualquier disturbio a esta unidad -la caída
de un árbol, la muerte de un animal- debe de ser compensada
por un ofrecimiento ritual, por un sacrificio". Dicho en un
leguaje psicológico, cualquier unilateralidad de la posición
consciente que menoscabe los intereses de Ahora bien, apliquemos esta sucinta y
rápida interpretación a la existencia del culto a
María Lionza en la Venezuela actual. Pensemos que desde el
punto de vista colectivo la Venezuela de principios de siglo contaba
con muchos medios más para mantener contacto con las funciones
no conscientes de la psique y por lo tanto para mantener y controlar
la unilateralidad y los ideales conscientes. Pensemos en una Venezuela
que aún se mantenía económicamente por el contacto
de la tierra y los animales, en una Venezuela devorada por las guerras,
en un tiempo donde la tradición, la religión y el
costumbrismo tenían más peso que en la actualidad.
Repentinamente, después de la pacificación del general
Gómez, al país que le impone una mayor organización
y control, declina la actividad agrícola y pecuaria con la
actitud mental que la acompaña, se desarrolla la industria
petrolera, y las concepciones sobre el tiempo y el desarrollo comienzan
a cambiar sus fisonomías. Posteriormente, empieza la emigración
rural y la concentración Todos los aspectos nuevos de la función
necesitan una adaptación progresiva para que sean verdaderamente
efectivos. El venezolano pierde todo contacto con los elementos
colectivos de su psique, se ven atraídos por la añagaza
de la vida prometedora de la ciudad, y los ideales de progreso,
tecnología, futuro, desarrollo y riqueza, es decir, valores
más afines a una psicología del ego, pasan a ser los
dominantes. Poco a poco la población marginada del país
comienza a sentir (aunque no necesariamente de manera consciente)
que todos los ideales de nuestra vida racional no parecen ser soluciones
para sus necesidades y sufrimientos. Que a pesar de haber olvidado
las primitivas e inaceptables costumbres y creencias de sus abuelos,
que a pesar de creer en el progreso y las oportunidades de las nuevas
fuentes de trabajo y la nueva tecnología, él, su vecino
y el 50% de la población de su país siguen en condiciones
infrahumanas y nada de su dolor o sufrimientos ha sido solucionado,
nada de sus anhelos y esperanzas se han visto cumplidas. De Imágenes:
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