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Olicente Girobro en las Trobriand Por Alberto Torrentera
En
la escritura poética latinoamericana (aceptando sólo por
comodidad expositiva los términos geográfico-culturales
como una enmarcación posible, dejando de lado que la constitución
de los estados-nación no juegan el papel más importante
en la creación), los nombres de Oliverio Girondo y de Vicente Huidobro
se asocian con las vanguardias del siglo XX. Aquí sólo se
hará mención de un par de producciones clásicas,
Altazor, de Huidobro, y En la masmédula, de Girondo.
La elección, pese a la obviedad, se justifica: este texto intentará
exponer que los recursos poéticos que, dentro de la tradición
occidental, significaban un corte en la generación textual, obedecen
a ciertas posibilidades del lenguaje que han sido utilizadas en la producción
poética de diversas culturas, sin vinculación directa con
Latinoamérica, como es el caso de los magos trobriandeses. De este
modo, términos vagos como "vanguardia", "innovación",
"autor", se vuelven aún más fantasmagóricos
o ingenuos. Por
supuesto que las diferencias son varias. En primer lugar obedecen a
tradiciones diferentes. Los poetas magos están inscritos en una
sociedad oral, y por lo tanto el uso de la palabra como herramienta
tiene otras características, como lo es la plasticidad del
A
medida que los cantos (y existe una nostalgia de la oralidad en la titulación)
se desenvuelven y parecen desembocar en una primacía del significante,
la construcción (o destrucción) de las palabras se carga
de intensidad, y los rastros de la significación de la cual han
partido comienza a disolverse. De este modo las palabras parecen tener,
en su conformación, como las palabras de los magos, toda "una
historia interna"; palabras que parecen estar contraídas
sobre sí mismas, y que tomando una serie dispersa del canto VII
pueden ejemplificar la voluntad por la construcción de un habla
significativa a partir de los recursos de un encantamiento rítmico,
de asonancias, asociaciones casi libres: /mitrapausa/,
/lunatando/, /hormajuama/, /monlutrella/, /lasurido/, /ylarca/, /lucenario/,
/arorasía/, /monluztrella/[7] ; alternando
con la emisión significante de las onomatopeyas De este modo, intentando nuevamente establecer los lineamientos de algunos de los mecanismos (seguramente los más superficiales) de la manufactura de los versos que resulta analogizable con la manufactura de los poemas mágicos, es posible aislar una serie de palabras formadas a través, bien de la juntura de dos términos, o bien utilizando partes diferentes que es posible armar: /plesorbos/, /desquejido/, /lunihemisferios/, /pezvelo/, /superimpuro/, /pezlampo/, /inobvio/, /endoinefable/, /subvoces/, /intrafondo/, /pezgrifo/ [10]; la elasticidad queda inscrita en los significados que apuntan, al menos, en dos direcciones, ya que las referencias conllevan (aún) cierta claridad, su recorrido es percibible, existen huellas que se entrelazan. Los ejemplos de esta zona del vocabulario de Girondo se pueden multiplicar: /egohueco/, /verdever/, /plenicorrupto/, /ascopez/, /neovoces/, /reverberalíbido/, /maramor/, /eromito/. En esta textura, complicada a su vez por la ruptura generada en la sintaxis, se introducen otro tipo de palabras cuyo significado parece flotar, con mayor distorsión, sobre las aguas. Son palabras cuyo significado se genera en el contexto del verso, como si se tratara de la posibilidad que se ejerce en la conversación. El sentido está en la totalidad (bien del poema, bien del verso), y cobra vida. /Lu/ puede representar un sonido, si se toma aislado del contexto, pero viene a formar parte sustantiva del flujo verbal en el poema Mi lumía, ya de forma independiente o en la construcción de las palabras: Mi
lu
1. conjuros que se murmuran sin rito que
los acompañe, la recitación del mago "es sólo
con la boca"; no se manipul objeto alguno. La
misma noción de inteligencia se asocia con la palabra. La palabra
nanola se asocia con la "las formas de habilidad no manual",
y la nanola reside en la faringe; las personas que tienen algún
defecto en los aparatos de fonación son tratadas junto con los
enfermos mentales. Sin embargo "el almacén de las fórmulas"
está depositado en un lugar más resguardado: en el vientre.
De este modo la fuerza de la magia se ubica dentro del hombre, y su
manifestación sólo es posible por medio de la voz. El
mago por eso tiene que cumplir ciertas obligaciones alimenticias, ya
sea con la prohibición de comer los alimentos del huerto que
encanta o el pez que se persigue. 1.U'ula, que significa "parte
inferior" de un árbol, y por extensión significa
causa o principio. Los
conjuros representan, de forma global, la imagen de un árbol,
"al revés", apunta Malinowsky. De la parte tapwana 14 bakalatatava, bakalatatava podría inclinar,
podría inclinar Hasta aquí algunos fragmentos del conjuro. Para llegar a esta traducción Malinowsky tuvo que intentar hacer legibles, para sus ojos y para los nuestros, el hermético vocabulario. La magia no está construida sobre un orden narrativo, no importa elaborar una consecución de sucesos: más bien el lenguaje se desata, y en sí mismo posee su efectividad. Ya señalamos que los magos prácticamente sólo necesitan del encantamiento de su voz para realizar la eficacia mágica, de modo que las palabras mágicas están entrelazadas con diversos universos significativos. En cuanto a la primera parte del conjuro, Malinowsky señala, casi con coraje, que está plagado de arcaísmos y de nombres míticos. Pero no sólo eso. Las palabras que abren el conjuro bosisi´ula y bomwalela ninguna de las dos es una palabra del habla cotidiana. Ambas están formadas con el prefijio /bo/ que indica tabú. A su vez, el resto de la palabra /sisi´ula/ deriva de /visisi´ula/, que se asocia con el temblor, ya que el mago, en el conjuro wayugo debe recibir un temblor, el cual se le quita comiendo pescado; el mago tiembla como una banderola de pandano /bisila/. En cuanto a /mwalela/, deriva de /olumwalela/, que da la idea de interior. Por eso Malinowsky traduce "el interior tabú". De esta manera se asocian distintos elementos en la construcción "artificial" de dos palabras mágicas: las reglas alimenticias, las prohibiciones de comportamiento, las manifestaciones somáticas del conjuro.
En el verso 2, la palabra /papapa/ encierra toda una idea en sí misma: "que la canoa corra de forma que las hojas de pandano flameen". Por supuesto que la palabra posee mayores significaciones para los recitantes, ya que ellos conocen a la perfección la importancia de las hojas de pandano en la decoración de las canoas. La palabra /silubida/ es una transformación mágica de /lilobida/, en una especie de metátesis que cumple una función específica en el lenguaje mágico. En cuanto a la parte dos, el tapwana, el verso 14 es significativo, ya que es a través del movimiento del verbo por medio del cual se introduce la fuerza mágica; el verbo /inclinaré/ recorre el mapa de los instrumentos de navegación y del cuerpo del mago. En cuanto al verso 11, los magos recurren a la invención de palabras a través del uso de los prefijos /ba=podría/, en donde la primera persona mágica se relaciona con los elementos de la naturaleza, formando una parte integral. El segundo conjuro es el sulumwoya, utilizado en el intercambio kula. La primera parte dice: 2. silimwaynunuva, inunuva la rugiente sulumwoya,
ruge Y
en la segunda parte Los versos de la frase dos están construidos a partir del prefijo /silimway/, derivado de la palabra /sulumwoya=menta/; además las palabras de poseer esa significación indirecta con la magia de la menta (que está asociada también con las magias del amor), la palabra principal y el sustantivo que la acompaña están deformadas para conseguir un eco, incluso la deformación es tal que lo que va a predominar en ellas es el significante, dada la importancia que las palabras mágicas tienen en sí mismas. También la palabra que ha sido traducida por /hierve/ está formada por una raíz que igual puede significar /murmurar/, /temblar/, conmoción/; las palabras poseen una riqueza en la magia que sólo el contexto social de los ejecutantes y de los espectadores puede volver significativa en toda su riqueza; nosotros nos aproximamos casi como un fenómeno estético (para colmo "prosificado"), pero no podemos comprender las diferentes capas de sentido que tienen en un contexto vivo de habla, dentro de una comunidad en la cual la magia es el discurso por excelencia. Esta independencia de los significantes (culturalizados) desembocan en el final del conjuro, el cual es una larga onomatopeya que imita el trueno... tududududu.... Las traducciones vertidas en Los argonautas privan de la eficacia de la magia, ya se disuelven en un universo significativo claro, encausado. Pero las palabras de los magos trobriandeses parece que, mientras más deformadas sean, mientras más "construidas" estén, tienen un encantamiento mayor. En el conjuro de la canoa la palabra clave es /mabugu/, que es una palabra mágica, sin traducción posible, pero a partir de la cual se construyen significados no sólo simétricos (que es una constante) sino que la simetría se presenta a partir de los elementos contrarios: Mabugumugwa= mabugu-antiguo Esta
forma de construcción se repite en otros conjuros de la canoa,
en donde los pares de oposición se desenvuelven entre penetrar
y emerger, macho y hembra, a partir de un significado únicamente
mágico /rayra´i/: Virayra´i= rayra´i hembra
Vinapega, pega; vinamwana, mwana, En
el primer verso aparecen, de forma simétrica, los prefijos de dos
peces voladores /pega/ y /mwana/, que se relacionan con el prefijo /vina/
que se asocia con las brujas voladoras, reforzando de esta manera la volatividad,
la ligereza de la canoa, que se desplazará, merced al conjuro [15],
con mayor seguridad y destreza que las otras canoas. Los versos segundo y tercero refuerzan esta idea de volar
con las raíces /yova/ y /yo´u/, a las cuales de le adhieren
diversos sonidos para reduplicar la eficacia, eficacia que se reparte
por todo el espacio, tanto de la canoa como de la naturaleza, al añadirle
las palabras /odabwana/ y /o´u´ula/, o sea: en la cima y
en la superficie. Bora´i, bora´i, borayyova,
biyova En
donde /bora´i/ es una palabra mágica, al parecer formada
por /bo/, que se refiere al tabú, y la palabra mágica
/ra´i/, pero duplicada; el juego rítmico, sonoro, está
también perfilado con la significación, pues /yova/ significa
volar, y /teta/ planear, aunque estas palabras no aparecen solas, sino
acompañadas de la raíz mágica, son una nueva palabra
también. Los
ejemplos se pueden multiplicar. Quizá uno que es ilustrativo sea
el que los canoeros cantan al viento, cuando están naufragando,
poco antes de morir, con el objetivo de aplacar a las brujas: ¡Ga´u, yaga´u, yagaga´u,
yaga´u, bode, bodegu! Este
conjuro está formado con la repetición de la palabra niebla
/ga´u/, distorsionada con repeticiones y la introducción
de sonidos que le dan ritmo y plasticidad. Las palabras mágicas,
sobre todo las principales en cada conjuro, tienen como característica
el ser palabras compuestas, creadas, no sólo con prefijos, afijos,
sufijos del vocabulario que dé la posibilidad de la imagen requerida,
sino por medio de la introducción sonora de elementos casi escasos
de significación, pero los cuales apuntalan el verso en el ritmo,
en el sonido. Las vanguardias son un sombrero bajo la lluvia. [1]-La lista de autores que "inventan" palabras podría extenderse, por supuesto, Cortázar o Celan (su propio nombre un anagrama, como en otro sentido el salvadoreño Salarrué) pueden ser otros ejemplos. Además este recurso ha sido, en la tradición hispánica, cosa de todos los días. Los siglos de oro son un paradigma en este sentido. También la poesía popular, o los poetas que intentaron introducir el habla dialectal en sus versos, o los narradores involucrados con recrear los sociolectos; pero se trata de una problemática diferente, pues estos autores cayeron en algo que podríamos llamar (momentáneamente) la ilusión "plusficcional"del realismo, tan artificial como los otros textos. La elección de Huidobro y de Girondo es por lo tanto arbitraria, y simultáneamente demostrativa, ya que tenían (los textos) una intención específica de sacudimiento, de nulificación verbal, de explosión semántica, de ruptura, de hastío. En cuanto al Celan de Hebras de sol o de Cambio de aliento, que aúna a la innovación verbal y la reestructuración de la sintaxis de aquellos, un hermetismo casi desconcertante, no lo abordé por mi desconocimiento del alemán. [2]-
A Huidobro se le dice, con frecuencia, que es un poeta mago. La noción
del creacionismo tiene que ver, asimismo, con la capacidad de construir
un mundo nuevo a partir del lenguaje. Incluso existen similitudes concretas.
"No hables de la lluvia, poeta, haz llover", dice un poeta mago
aimará; Huidobro se queja de los poetas que hablan de la rosa "...hacedla
florecer en el poema". Pero Huidobro sería un mago laicicizado.
Me parece, como mera hipótesis, que los poetas magos tienen un
vínculo con el más allá (en la representación),
la fuerza de la magia, entre los trobriandeses, radica en el poder mismo
de las palabras, por ello las palabras no son las del uso cotidiano. Los
poetas magos de la vanguardia pertenecen más a un discurso de la
banalización, están situados en la increencia, el poder
de los versos no radica en la pertenencia con el más allá,
sino que su pertenencia y su inclusión permanecen en el más
acá, el vocabulario que construyen vuelve a fluir sobre el discurso
poético; en tanto que los magos de las sociedades orales pertenecen
al discurso de la creencia, en donde las palabras permiten un clivaje
con la excepción, el universo del conjuro conforma objetos exceptuados,
y el vocabulario construido se relaciona con las realidades exteriores
a la palabra. [11]- Por supuesto que el autor solitario es un mito de la cultura occidental; en las manos del poeta están cientos de otras manos que escriben con él, o por él, o a pesar de él; en su voz y en sus ojos están los ojos de los otros, es decir, de un sistema cultural (con su radio simbólico e imaginario). Incluso en la máxima soledad del asceta, siempre hay otro: los dos sujetos, uno que escribe y otro que lee. [12]-Tanto
los datos etnográficos como la extracción de los conjuros
están tomados de otro libro clásico, Los argonautas del
pacífico occidental (1922) de Malinowsky. Si bien otros antropólogos
han trabajado en las islas después, sobre todo Annete Weiner, y
se han modificado algunas de las observaciones hechas por Malinowsky,
he tomado a éste de referencia por su preocupación en enfatizar
la construcción de los conjuros. Desde luego que existen varias
dificultades. La primera es que el propio Malinowsky advierte que sus
traducciones no son del todo rigurosas, si bien él hablaba la lengua
de los trobriandeses. A esto hay que añadir que nosotros trabajamos
sobre la siguiente cadena: un polaco escribe en inglés lo que escucha
en trobriandés, y nosotros lo leemos en español, de modo
que en la cadena se quedan muchas sutilezas. Esto no es tan trascendente
si lo ubicamos desde otra perspectiva: lo que interesa, en este trabajo,
no es el análisis textual de los conjuros de los magos, sino las
posibilidades, ¿lógicas?, del lenguaje poético; lo
importante es el mecanismo, aunque trabajemos sobre textos muy defectuosos,
traducidos además por alguien que no era poeta, y que corta tranquilamente
repeticiones de los versos o de palabras por parecerle innecesarias. [15]- Bueno, no sólo al conjuro. Precisamente los trobriandeses conocen a la perfección las técnicas del tallado, conocen los vientos, estudian las mareas, ya que recorren distancias muy largas. Diferencian un saber que tiene que ver con las técnicas de construcción, y un saber que es vinculante con las fuerzas mágicas. Bibliografía:
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