Amante
Poemas: Rafael Cadenas
Grabados: Norma Morales

Susana Benko

 

 

          
          Visualizar un espacio de resonancias, que es el del habla de la poesía, es una tarea difícil. Pretender materializar lo intangible, intentar dar cuerpo a un cuerpo de abstracciones mediante una imagen visible que contenga ese habla múltiple de voces y sentidos propio de la poesía, es casi una faena titánica. Si bien una imagen visual puede poseer la capacidad de condensar esos múltiples sentidos, es un reto tratar de expresar la ilimitada capacidad significante que posee el habla poética.

         Porque a veces con el silencio se expresan los afectos más íntimos. También se hace posible con el leve toque de una línea sobre el papel. Y en muchas ocasiones, por la sensualidad manifiesta en los cuerpos representados con toda su robustez. Todas estas variantes conducen nuestra mirada a una nueva reedición de Amante, un libro de poemas que Rafael Cadenas publicara en las ediciones de Fundarte en 1983 y que hoy, Bernardo Infante Daboín reedita con los grabados realizados por la artista y maestra impresora Norma Morales.
          
           Leer Amante no es fácil. No se trata de poemas escritos con un lenguaje cercano y reconocible por nuestro código amoroso cotidiano. Por el contrario, el poeta desdibuja situaciones así como a las personas implicadas. La voz que habla pierde muchas veces referencia. Puede ser el amante o el anotador. Puede hablar a la amada como no mencionarla al evocar solamente lo vivido en una situación amorosa determinada. No hay identidad entre las personas amatorias.
          
           Si bien Cadenas ha hecho de la palabra una pasión, también es verdad que priva una distancia en su habla amorosa: tal vez como una manera de proteger el poema ante el peligro de la banalización del tema, o bien, como una forma de crear voces múltiples e indefinidas, cuya distancia, a veces, se acentúa cuando antepone a un tercero que habla. Todo ello emitido de manera breve y concisa. Una palabra justa y a la vez múltiple por esa capacidad de disgregación y de despersonalización. Algo que no ocurre a menudo en los poemas de amor.

           El punto estriba en poder corresponder visualmente a un libro semejante. Norma Morales reinterpretó por medio de imágenes cada uno de los poemas. Si bien temáticamente existen analogías entre poema e imagen, la artista optó por independizar sus obras de los poemas a fin de evitar una lectura literal de los mismos. El resultado es el develamiento y la concreción de un erotismo que subyace en los textos. Lo sugerido y disgregado se hace visible, por tanto se materializan como formas tangibles para nuestra mirada. Cuerpos desnu-dos en actitudes sensuales, cuerpos en diálogo o diluidos en la lejanía, flores que encarnan la suavidad de lo amoroso, todas son imágenes que develan situaciones de alma.

           Estas imágenes son un compendio afectivo, las cuales, son realizadas mediante disciplinadas y rigurosas técnicas gráficas. Técnicas que inciden en la paciencia del autor ante la multiplicidad de pruebas que conducen al convencimiento de la imagen final, y paciencia ante la lentitud de su proceso de realización. Porque el grabado es un arte de tiempo, tiempo en la manipulación de los materiales y tiempo en la observación de sus diferentes estados. Ello lo diferencia grandemente de la espontaneidad y afectividad del dibujo.

           Rafael Cadenas señala que en estas imágenes la abstracción se hace carnal. Lo dicho se vuelve entonces cuerpo y materia tangible, quedando encarnado en su más absoluta sensualidad.



 

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