Encuentro con el Paisaje Latinoamericano

Gonzalo Himiob

 

 

No hay aprendizaje que no esté fundamentado en la reflexión, y esta surge en el encuentro. Cuando los paradigmas internos que gobiernan la psique se enfrentan con el colectivo objetal, los arquetipos procuran recrear en el afuera lo que está adentro, o quizás por estar adentro es posible verlo fuera, o posiblemente porque el afuera y el adentro no existen, y no son mas que creaciones necesarias para calmar la desazón que nos produce el no saber.

Crear imágenes es coagular la experiencia para darle forma. No es posible asir a lo innombrable, al hacerlo hay que expresarlo en forma tal que la conciencia sea capaz de entenderlo.

Psique viene del griego psyché, que se traduce en mariposa. Es esta, probablemente, la mejor representación del alma, es la imagen alada, en espejo, en la cual se manifiestan el afuera y el adentro, mediados por un cuerpo material que une sutilezas multicolores. Es como hablar de la esencia de la vida, donde lo que está afuera es como lo que está adentro y su comprensión connota el regocijo y la capacidad de sentir.

El aprendizaje surge de la experiencia, no es posible saber sin haber vivido. Los libros y las teorías que enmarcan aquello que nos agita, pueden, sin embargo, detener la vida.

No es posible ser terapeuta sin haber vivido, sin haber sufrido, y cada uno de nosotros somos en función de lo que fuimos, y estamos aquí porque hemos querido dar forma a lo que nos inquieta.

Hoy vengo a hablar del encuentro con el paisaje latinoamericano, y lo voy a hacer desde adentro, desde mi, desde las reflexiones que mis vivencias han originado.

Mis primeros años estuvieron signados por el pasmo, por el sentimiento de extrañeza de estar en un mundo ajeno. Se debaten en mí la sangre del desterrado noruego-alemán con la del vasco-navarro, la del indio guaiquerí con la de algún negro, que se cruzara el camino de alguna descuidada y sensual mantuana. El mar y la selva tropical, marcarán el encuentro del europeo en las costas cumanesas donde, extrañamente, amalgamará el ser músico con el mas lucrativo oficio de ser sastre. Allí, con seguridad, mi tatarabuelo se quemará el cerebro bajo el sol del trópico, mientras su mujer se adormecerá con aire de cocoteros y pereza mórbida en rosadas carnes. Sus hijos se harán criollos y casarán, o no lo harán, con hombres y mujeres de la tierra, de otras o de la misma en la que han asentado sus predios.

En la vertiente materna se mezclan también el indio, el negro, el alemán y el español, con eventual nostalgia de judío converso.

La infancia transcurre entre casas solariegas, matas de mango y una ciudad que se mueve a ritmos de siesta y fantasía. La adolescencia me sorprende, sin saber como ni cuando, contemplando al mar, adormecido u sin pensar. En la molicie de un recuerdo que se hizo fantasma de reminiscencias ancestrales. En el relato de honores pasados y sentimientos de orgullo; una genealogía signada por la tragedia, la pasión y supuestos blasones perdidos en el exilio, el trópico se irá haciendo familia.

Estudiaré en España, aprenderé psiquiatría en las tascas y tablaos madrileños, dormiré cansancio y trasnocho en las aulas de la Universidad Complutense.

Cuando regreso a Caracas lo hago en barco. Vengo casado con una gallega, y nuestro primer encuentro con el paisaje abandonado cinco años antes, ocurre en la madrugada, en un puerto que comienza a despertar y en el cual, desde el silencio dormido de las luces que van perdiendo brillo, surgen sin solución de continuidad, el ruido, el color, el sol.

El sol, estoy llegando del mediodía europeo. España se autodenomina la tierra del sol, para nórdicos, y europeos, en general esa tierra es distinta por el sol. Como se ve que no han estado bajo el sol de la América tropical.

Si para mí, hijo del Caribe, criollo y mestizo, bastaron cinco años para que mi visión se olvidara del deslumbramiento. Me pregunto: ¿Qué fantasías pasaron por la mente de mi esposa de entonces? ¿Qué sentirían los que nos conquistaron? ¡Qué de emociones! ¿Qué pasiones no invadirían a esas almas heridas y humilladas por la guerra, la presión y la miseria?

¿Qué calenturienta o satírica ilusión no invadiría a Américo Vespucio, cuando al contemplar las pobres construcciones del Lago de Maracaibo, denominara Venezuela, es decir, Pequeña Venecia, a mi país?

El ser humano huye de los conflictos, necesita solucionarlos para aliviar tensiones. Para ello acude a lo imaginario. El encuentro con el paisaje nos enfrenta a la tensión de un entorno y de un intorno, es decir, un paisaje de afuera que lidia con otro interno. El conflicto debe procurar su sincretismo y en la alquímica mezcla, lograr una solución que permita la metáfora unificadora.

El conquistador, de todas las épocas, desde 1492 hasta el 2000, al llegar a estas tierras viene en busca de esperanza, unas veces con espíritu misionero y ético, otras no tanto.

Debo decir que no hay cosa más diferente entre sí que un latinoamericano de otro, incluso dentro de un mismo país, los hombres y mujeres, serán muy distintos, dependiendo de la región, la tradición y el paisaje que hayan signado su crecimiento. Así, son de diferentes un argentino y un uruguayo, aún cuando compartan el Río de la Plata y a Carlos Gardel. No hay seres más disímiles que un aristócrata peruano y un negro del barlovento venezolano, o un nativo del norte brasileño que uno del sur, o un carioca de un paulista. Un andino de un llanero o un costeño de un habitante de la selva húmeda.

El arquetipo se hace imagen en el encuentro, ya lo dijimos. El paradigma de nuestra ecuación arquetípica busca su expresión en el complejo para hacer consciencia. En este devenir lo primero que se hace evidencia es la Madre. Ella está signada por su historia y por sus formas. Estas serán transplantadas al hijo por vía del brazo o el rechazo. Del mundo de la madre se pasa al del Padre. Este otorga la libertad, o no la da, lo que si impone son sus imágenes y sus paisajes vestidos de cultura.

El dilema entre el paisaje interno y el externo crea una enorme tensión y una ansiedad que busca refugio en el prejuicio. No podemos explicar de otra manera la estupidez ya mencionada de Vespucio, ni las insólitas nominaciones de nuestras ciudades: Nueva Cádiz, Barcelona, Valencia, Mérida, Santiago, Santa Fe, etc. El recién llegado pretende forzar la imagen para hacerla menos agobiante. El conquistador, con minúscula para hacerlo atemporal, se aferra a sus metáforas en la forma de la recreación del intorno en el entorno, en las costumbres, en la cocina, en los vestidos y en la música.

Quienes hemos hecho psicoterapia, entendemos la importancia que la cultura tiene en el desarrollo, y la tremenda tensión que sufren los hijos de la primera generación de los recién llegados. Ellos se verán forzados a vivir en dos mundos, a compartir dos paisajes, aquel que sus padres les recuerdan y aquel que sus ojos observan. Esta misma tensión debieron sufrirla los primeros conquistadores, con el agravante de que venían solos, sin mujeres, en misión o en aventura. No es difícil imaginar el asombro, el pasmo que sufrieron cuando se enfrentaron al paisaje, al solo, a la selva. Aquellos facinerosos, llegados de tierras devastadas, hombres de galera, sometidos al rigor de una travesía promiscua y maloliente, llegan a una tierra exuberante. Él sólo los deslumbra y provoca emergencias titánicas, desmesuras que se encarnan en atrocidades o en gestas sublimes. ¿Qué de fantasías no se desataron ante la desnudez generosa de indios e indias? ¿Qué de tensiones no desatarían la lujuria, el paisaje y las hembras bien dispuestas, al chocar con pudores monacales y la arrogancia peninsular venida a menos?

Las imágenes relatadas por Colón, Oviedo y Baños, Cabeza de Vaca, Pizarro, Cortés, etc., y de las cuales dan fe grabados de la época, muestran monstruos creados por la inventiva de una mente deslumbrada y enfebrecida.

Jung, en sus "Dos ensayos de Psicología Analítica" nos habla de las tres formas del desarrollo psíquico: La Individuación, La Reestructuración Regresiva de la Persona y la Disolución en el Self. El primer encuentro con la América tropical ha habido de condicionar una suerte de locura disolvente en el paisaje. El europeo, sin referentes ni continente, debió sufrir una posesión que rompió esquemas.

En la literatura contemporánea latinoamericana, encontramos innumerables ejemplos de lo que significa lo afirmado. García Márquez y Jorge Amado nos aproximan a un paisaje inmenso y a un entorno mágico. Rómulo Gallegos nos habla de la lucha entre la barbarie y el hombre culto, de como este puede ser tragado por el paisaje, utiliza frases como "Y a Florentino se lo tragó la sabana", "A Marcos Vargas se lo llevó Canaima", "El Conde Garófalo se enchinchorró".

Nuestra cinematografía nos habla de una forma propia, sincrética, de aproximarnos al imaginario arquetipal. Sólo como ejemplo mencionaremos a Jodorowsky en Chile, al Indio Fernández en México, a la cinemateca brasileña y argentina, en las cuales la metáfora hecha plástica se muestran en una realidad sensual y envolvente, donde el cuerpo se hace ritmo de samba o de tango.

En el terreno de la pintura encontramos a Reverón poseso por la luz, a Botero mostrando caricaturescas redondeces de ingenuidad lúbrica, más herméticas y cercanas que las matronas de Rubens.

Ante tanta enormidad, ante tanto asombro, el refugio en lo vivido y el regreso a formas anteriores nos da seguridad. Repetir las estructuras es la metáfora psicoanalítica de la neurosis, repetimos para solucionar y para caminar en terreno conocido. Quien se transculturaliza pretende recrear en el afuera e imponer al entorno su visión. Los grupos inmigrantes tienden a calmar la ansiedad que los agobia recreando su paisaje interno. La arquitectura colonial latinoamericana, y las modernas construcciones, con las cuales los nuevos colonos reformulan su nuevo hogar, son clara muestra de lo anterior. La infatigable búsqueda de blasones y aristocráticos pasados, como nos relata la historia de todos los países latinoamericanos, en especial Argentina, Perú, Brasil y México, donde la ilusión quiso instaurar monarquías plagadas de nostalgia. Ellas se ven revividas en el presente en la música de Alberto Cortez, en la fantasía de la Madre Patria, en la revitalización de cultos ancestrales africanos, en las procesiones de Semana Santa, en el bolero, en la tierra prometida de Israel o en la fantasía del retorno a la patria de tantos emigrantes. Estos muestran, con orgullo, el recuerdo de la romántica aventura latinoamericana, relatando historias de romances mulatos y riquezas.

Por último, hay quienes son capaces de asumir el proceso y sincretizar la cultura, estableciendo un diálogo creativo con el paisaje. Ellos son los afortunados que encuentran el camino de la individuación, parte de la cual se manifiesta en una raza que Salvador de Madariaga llamara Cósmica, por su universalidad y complejidad, así como por su polimorfismo y complejidad, así como por su polimorfismo. Creo que es en el sincretismo, en el haber pasado por la locura disolvente del encuentro con un paisaje desbordante, así como en el superar la ansiedad que nos lleva al refugiarnos en las estructuras del pasado, está el proceso de desarrollo que nos pueda brindar imágenes contentivas y novedosas para la expresión de la psique arquetipal.

No deseo terminar esta disertación sin mencionar la tragedia: el paisaje se puede desdibujar, Venezuela, en diciembre pasado, sufrió una de las catástrofes más terribles del siglo que terminaba y la mayor de su historia. El nuevo siglo nos encontraba en lágrima, en el borde oscuro de una herida que nos confrontó con la realidad efímera de un paisaje que parecía estable. Todos perdimos algo. El escenario conocido ya nunca será el mismo. Qué nuevas formas saldrán de allí está por verse. Puede ser que intereses político-económicos transformen al balneario ancestral, donde se refugiaba la urbe, en una suerte de Miami tropical. Puede ser que melancólicas memorias lo recreen. Puede ser que, en proceso alquímico se Solve et Coagula, de la Prima Materia dejada por el barro, nazca nueva vida desde un imaginario que se hace forma *.

 

* Conferencia dictada por Gonzalo Himiob, MD, NESJA, IAAP, en el 2° Congreso Latinoamericano de Psicología Junguiana, Brasil, 2000.

Imágenes de la Imaginoteca Mariano Fernández.


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