| A modo de introducción
|
Iris Peruga
|
A
la luz de hoy y cada vez de modo más evidente la
obra de Gego aparece como una de las más creativas,
originales y conmovedoras de las realizadas en nuestro
país. Aunque producida simultáneamente al
desarrollo del movimiento cinético en Venezuela,
desde la perspectiva actual se muestra totalmente diferente
al desarrollo a todo cuanto ha hecho el arte venezolano,
y a mucho de lo que ha hecho el internacional de los últimos
treinta o cuarenta años. El modo como Gego expresa
directa e indistintamente sus temas en diversos medios:
dibujo, grabado o escultura, deja ver que en su obra se
diluyen y amalgaman desde temprano los límites
tradicionales entre las diferentes técnicas o modalidades
artísticas.
Nacida en Hamburgo, Alemania, Gego (Gertrud Goldschmidt)1
llegó a Venezuela en 1939. Penúltima de
los siete hijos de una reputada familia judía,
banquera por tradición, se había graduado
en 1938 de arquitecto-ingeniero en la Facultad de Arquitectura
de la Escuela Técnica de Stuttgart (hoy Universidad
de Stuttgart). Hallándose a la sazón en
el proceso de obtener su diploma, en vísperas de
la escalada nazi, Gego fue la última en dejar su
país de origen. Por ello, le correspondió
liquidar las últimas pertenencias de la familia
y tirar la llave de la casa paterna al río2,
para emigrar, a los 27 años, recién graduada,
a donde el viento la llevara.
Siempre nos habíamos complacido en pensar que
el viento quiso traerla aquí, a Venezuela. Y algo
de cierto podría haber en ello, ya que el modo
en que le fueron otorgados una visa y un contrato de trabajo
en Caracas parece signado por el destino. La carencia
de un visado de residente había hecho imposible
que se quedara en Londres, donde se había refugiado
su familia. Gego, que no hablaba español y no había
pensado nunca en Latinoamérica como una opción,
había tratado en Londres de conseguir un visado
para algún país de habla inglesa. Pero,
todavía en Alemania, y pensando en una eventual
emigración, también había hecho llegar
sus papeles a algunos amigos y, cuando ya ni pensaba en
ello, recibió este escueto mensaje: "Visa
OK. Sigue contrato. Firmado: Salomón, Caracas
Venezuela". Hay que anotar que no tenía idea
de dónde quedaba Caracas, ni dónde Venezuela.
Pero, ante la necesidad de cumplir la palabra empeñada
de salir de Inglaterra, se animó a aceptar esa
opción. Aquí conoció al poco tiempo
al empresario alemán Ernst Gunz, con quien contrajo
matrimonio en 1940, y a quien dio dos hijos: Tomás
y Bárbara.
Es evidente que Gego tuvo, ya desde joven, la rara sabiduría
de aceptar lo que la vida le daba: lugares, personas,
cosas. Y aquí le dio un entorno propicio para que
pudiera desplegar su talento creativo de un modo personal
e independiente. No podemos imaginar qué o cómo
habría sido su obra en otro lugar, pero sabemos
que aquí conoció años más
tarde, tras su divorcio de Gunz, al publicista, dibujante,
pintor y escultor Gerd Leufert, de origen lituano-alemán.
Convertido en su compañero y guía, Leufert
estimuló poderosamente sus capacidades innatas:
"Él me enseño a ver y descubrir, algo
que no se aprende con la ingeniería o la arquitectura3"
(Gego en Montero Castro, 1977).
Entre 1953 y 1955, en la soledad de Tarma, pueblo de
montaña cercano a Caracas donde Gego y Leufert
se mudaron poco después de conocerse, tuvieron
ocasión no sólo de practicar el castellano
sino también de poner a prueba sus capacidades
como creadores. Su noción de lo moderno parece
haber sido por entonces afín a la de aquellos artistas
europeos que habían renovado el lenguaje a partir
del posimpresionismo y del cubismo.

Gego realizó allí numerosos paisajes (a
veces frente al motivo, pero con gran libertad de interpretación)
en colores saturados de acuarela o témpera, y retratos
al lápiz o en tinta. Son obras exquisitas, de vocación
expresionista, que ponen de relieve la gran sensibilidad
de la artista para el color y las formas sintéticas.
Pero su camino no iba a ser el del color. Hacia 1955 comenzó
a realizar dibujos de líneas paralelas, también
al lápiz o en tinta, sin referencia alguna al mundo
de lo real. De allí partirá su obra madura,
que será, fundamentalmente, la de las configuraciones
espaciales de alambre, transparentes, aéreas e
ingrávidas.
Tal vez debido a su carácter, algo tímido
y retraído, Gego comenzó a trabajar de un
modo retirado, privado, y aparentemente sin pretensión
alguna de obtener reconocimiento y figuración.
De todos modos, es evidente que estaba bien informada
de lo que sucedía en el mundo, y al inicio de su
carrera asumió algunos de los principios del constructivismo.
Sabemos que los constructivistas en general se negaban
a considerarse artistas, según la visión
romántica o bohemia que de estos últimos
privaba en las primeras décadas del siglo. Contrariamente,
estaban convencidos de que su trabajo (en el que se planteaba
la necesidad de producir arte según un sistema
calculable y racional de construcción, es decir,
mediante procedimientos de lo que ahora llamamos diseño)
(Fer, 1993:91), se justificaba por la contribución
que representaba para la creación de una nueva
sociedad, de modo que se aceptaban de buen grado como
productores de objetos útiles.
Tras constatar que entonces no había campo en
el país para una mujer arquitecto, durante algunos
años después de su matrimonio Gego regentó
un taller en el que diseñaba y producía
objetos utilitarios: muebles, lámparas y otros.
Y también, como aquellos primeros constructivistas,
años más tarde se dedicó a la docencia
del diseño y la arquitectura, lo que la impulsó
a capacitarse en sus métodos de enseñanza.
Sin embargo, el tiempo en que Gego comenzó a desarrollar
su obra, a mediados de los cincuenta, no era el de aquellos
primeros constructivistas. Ni tampoco el lugar, aunque
Venezuela no estaba en esa época en modo alguno
aislada y el país experimentaba entonces una determinante
transformación económica y social basada
en la producción petrolera, que respondía
al afán de modernidad despertado en el país
a la caída de la dictadura gomecista4.
Los creadores que frecuentaban a Gego y Leufert en su
casa de Tarma y con quienes se relacionaron, de nuevo
en Caracas, fueron principalmente los abstractos geométricos,
muchos de ellos recién llegados de su aventura
parisiense para colaborar con las obras de la Ciudad Universitaria,
por invitación del arquitecto Carlos Raúl
Villanueva5. Éstos se inclinaban hacia
la abstracción geométrica según era
concebida por los grupos que en París, después
de la segunda guerra, quisieron rehabilitar el arte moderno
mediante la adopción de la abstracción.
A través de ellos Gego y Leufert se interesaron
en la abstracción pura y comenzaron a trabajar
de acuerdo a las posibilidades que brinda la geometría.
El espíritu de Gego era en extremo libre y sus
búsquedas respondían a su propia necesidad
de indagar por sí misma nuevas posibilidades creativas.
De modo que nunca se integró totalmente al grupo
de abstractos geométricos venezolanos, sino que
trabajó en solitario, paso a paso, un tanto al
margen de las corrientes en boga en el país y confiando
sólo en sí misma, en sus propias capacidades:
las que su exigente formación le había proporcionado
y las adquiridas en el estudio y la práctica del
arte moderno y el entrenamiento de la visión que
llevó a cabo al lado de Leufert en el entorno natural
de Tarma.
A diferencia de buena parte de nuestros abstractos geométricos,
cuya obra se gestó en París en contacto
con artistas abstractos que podrían ser considerados
como de tercera generación6, la de Gego
se gestó en Caracas en contacto con las ideas más
progresistas de la época7 y en un clima
de efervescencia creativa apoyado en el estudio y conocimiento
de los grandes creadores del siglo. Por otra parte, sin
duda fueron muy importantes para la concreción
de algunos de sus recursos las visitas a museos y galerías
de Nueva York, que tuvo ocasión de realizar en
los años sesenta. Es muy probable, por ejemplo,
que en 1959-60 viera la muestra de Buckminster Lippold,
un influyente escultor para la época8.

La obra de Gego, por su carácter abierto, calado
y transparente y por su tendencia a lo curvo, tiende a
lo dinámico. Parece que responde a un contexto
de posguerra (en el que podrían inscribirse las
obras de Naum Gabo y Antoine Pevsner9) que,
interesado en las teorías de la física nuclear,
se inclinaría hacia una concepción movida,
ondulante y dinámica de las formas abstractas10:
una concepción nacida no de los conceptos mentales
clásicos provenientes de una geometría teórica,
sino de un pensamiento que en lugar de formas estáticas
maneja relaciones y funciones11. A mediados
de los cincuenta, este concepto dinámico de las
formas extenderá su búsqueda hacia los procesos
ópticos, que en algunos casos llevarán al
cinetismo.
Sin embargo, ya que Gego nunca planteó en su obra
una búsqueda intencional de la vibración
o del movimiento real o virtual en el arte (aunque algunos
de sus trabajos de los primeros años lleguen a
producir tales efectos), es difícil considerarla
como una artista cinética. Gego no asume la tecnología
como fundamento de sus investigaciones. Y si bien su material
de trabajo más frecuente fue el alambre o, en ciertas
épocas, las tiras de chapa metálica, las
cabillas e, incluso, las cuerdas de nylon, materiales
todos provenientes de la industria, probablemente debido
al modo como la artista los concibe, considera y estructura
van erosionado su carácter industrial para adquirir
un carácter estético. Pero el objetivo de
Gego no es esteticista. Su trabajo nunca esconde o disimula
los recursos técnicos de construcción. De
modo que si bien su obra inicial podría ubicarse
en el contexto general de las tendencias constructivistas
de posguerra, es notorio que no tardó en desestabilizarlas,
introduciendo múltiples retos a la concepción
ortodoxa del constructivismo.
La línea en Gego
Sabemos que es suficiente el trazado de una sola línea
sobre el papel en blanco para que se perciba la existencia
del espacio. Y así surge la obra de Gego, que de
una línea pasa a muchas y del papel pasa al espacio
real. En éste la línea tiene cuerpo físico
(por muy sutil que pueda ser), y para desplegarse en él
y relacionarse con otras líneas, según la
estructura deseada, requiere de puntos de apoyo y articulaciones.
De acuerdo al modo como Gego concebía el despliegue
espacial de las líneas debían ser sus puntos
de apoyo y conexión, y al modificar o cambiar sus
propuestas espaciales éstas requerían otros
sistemas o modos de conexión.
Tal como intentaremos demostrar, los cambios de un sistema
estructural a otro manifiestan cambios de sentimiento,
concepto y comprensión de la naturaleza del espacio
en sí y ponen de relieve la relación objetiva
y subjetiva que la artista fue estableciendo con él.
Parecen responder a una visión cada vez más
amplia, profunda y vital de sus cualidades.

Por ello, la obra de Gego no puede calificarse fuera
de este proceso de cambio de estructuras que indica cambio
de visión. Observadas las diferencias que producen
estos cambios estructurales, se percibe en ellas la existencia
de al menos tres etapas mayores, producto de tres modos
de aproximación a sus elementos expresivos para
el logro de esas configuraciones espaciales. Estos diferentes
modos estructurales no son estrictamente diacrónicos;
mientras la artista se encuentra en el proceso de imaginar,
ensayar y diseñar nuevas configuraciones formales
que, con frecuencia, tienen que ver con la experimentación
de nuevos y diferentes materiales, no deja de trabajar
con los materiales ya conocidos tratando de llevar al
límite sus posibilidades expresivas.
El sistema estructural
Podríamos considerar una primera etapa, la de
las líneas paralelas, que se inicia en 1957 y se
prolonga, aunque con importante variaciones en los materiales,
hasta aproximadamente 1971. Pero en 1969 Gego desarrolla
otro sistema estructural que dará nacimiento a
otra etapa durante algún tiempo superpuesta a la
primera. Gego trabaja en este primer período tanto
en sus dibujos y grabados como en sus esculturas casi
exclusivamente con líneas paralelas. Constituidas
las esculturas inicialmente por líneas de materiales
rígidos, la búsqueda de la artista se abre
cada vez en mayor medida hacia los materiales y soluciones
formales más flexibles que indican una libertad
creciente para la invención de configuraciones
lineales que se despliegan en el espacio y se confunden
con él.
Con el uso de las paralelas la obra de Gego se presenta
como perteneciente a la más rigurosa actualidad.
Es decir, pese a su singularidad, se ubica conceptual
y formalmente dentro de lo que podríamos considerar
la gran tradición estética del constructivismo.
Esa actualidad, además, se concibe como una relación
con el espacio fenoménico, el espacio de la experiencia
cotidiana. Las obras se ubican como tales en el espacio
real.

La segunda etapa, que surge en 1969 y se disuelve en
la siguiente hacia aproximadamente 1976, muestra un sistema
de redes o mallas, cuyo punto inicial parece haber sido
la obra Reticulárea, 1969. No obstante,
Gego siguió trabajando durante años todavía
en el sistema de líneas paralelas, aunque ya estas
paralelas, ahora preferentemente verticales, hubieran
comenzado a desvirtuar el paralelismo socavando los principios
de la geometría. En las obras concebidas como redes
o mallas la visión del espacio es de tal modo abierta
que se llega a una sensación de infinitud, a la
idea de que las obras podrían desplegarse sin fin
en un espacio cósmico, más allá del
espacio contingente de la realidad.

Hacia 1976 y hasta el final de su vida, Gego desarrolla
una tercera etapa en la que hace pequeñas piezas
murales de alambre y otros materiales varios que denomina
dibujos sin papel. No hay en estas obras un sistema
de configuración lineal único y definido,
y la artista recurre libremente y cada vez en mayor medida
tanto a diferentes sistemas y combinaciones como a la
incorporación de elementos de uso cotidiano (incluso
con frecuencia a objetos casuales recuperados del entorno).
Parece haber surgido no sólo del deseo de trabajar
con la mayor libertad de invención y manipulación,
sino del de evadir la idea del Arte con mayúsculas,
del "gran arte". El concepto del espacio se
vuelve en estas obras personal, íntimo y limitado
incluso al plano ante un muro. El espacio conquistado
parece ser el de la plena libertad interior: un espacio
posiblemente subterráneo, oscuro y silencioso,
donde se producen las más inesperadas conjunciones.
Es por ello que podríamos proponer para estas últimas
obras, totalmente asistemáticas, la idea de trabajos
rizomáticos, de acuerdo con las teorías
de Deleuze y Guattari (1976). Con ellos la artista parece
haberse liberado de cualquier constricción estética
anterior, tanto en el sentido conceptual como formal.
- Su nombre profesional proviene de las dos primeras
letras de su nombre y las dos primeras de su apellido,
"muy complicado para los venezolanos", solía
explicar Gego (en Monsalve, 1990).
- Gego, en un manuscrito en español hallado entre
los papeles de la artista. Se trata, de acuerdo con
sus familiares, de la traducción (realizada por
Ernst Gunz en 1998) de un texto escrito en alemán
por Gego (Gego, ca. 1987: s.p.).
- Véase al respecto el ensayo Gego. Construcción
de una didáctica, de Ruth Auerbach, en el libro
Gego 1955-1990.
- Hay que señalar, no obstante, que se trata
de una modernidad cuyo medio está "dominado
por la miseria, el caos y la irracionalidad aun en los
centros urbanos que pretenden inscribirse miméticamente
en el desarrollo" (Traba, 1974: 38).
- La instalación de pinturas murales abstractas
en el núcleo cultural de la Ciudad Universitaria
de Caracas se inició en 1953.
- Entre estos artistas se encuentran Magnelli, Dewasne,
Bill, Bloc, Vasarely, Degand y Pillet, Dewasne y Pillet
tenían incluso una academia a la que asistieron
algunos de los venezolanos. Otros, sin embargo, (Otero
y Soto), se interesaron principalmente en la obra de
Mondrian (Rodríguez, 1979: 6-21). En la publicación
del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, Contrastes
de forma (1986) se establecen cronológicamente
las diferentes etapas del desarrollo de la abstracción
geométrica (Cfr. Dabrowski, 1986).
- En contacto con Leufert, nombrado director artístico
de la revista El Farol desde 1957, profesor de diseño
de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central
de Venezuela, en 1958, y contratado en 1960 como coordinador
y diseñador por el Museo de Bellas Artes (Rodríguez,
1976: XII-XIV) para que desde allí renovara los
conceptos del diseño gráfico en el país,
Gego tuvo ocasión de conocer no sólo a
su director, Miguel Arroyo, quien para los momentos
estaba haciendo del Museo una institución de
primera línea en América, sino también
a muchos creadores de vanguardia del momento.
- Debo a Lourdes Blanco la información referente
a estas exposiciones.
- En 1954 fue incorporada una obra de Pevsner: Dinamismo
en 30 grados, a nuestra Ciudad Universitaria. Por otra
parte, Gego, en cuya biblioteca se encuentran varios
libros sobre Gabo, tenía un gran interés
por la obra de éste y se reunió con él
cuando estuvo en Nueva York (Pantin, 1981: s.p.).
- De hecho, Gego parece haber estado interesada en esas
teorías. En uno de sus papeles de trabajo anota:
"la realidad nuclear, tal como es percibida por
la ciencia moderna, todavía tiene que ser actualizada
en arte de manera convincente" (Gego, Papeles de
trabajo, s.d.).
- Según las ideas de René Huyghe, se trata
de un pensamiento que toma en cuenta la dinámica
de las formas vivas y se interesa en las torsiones y
en las superficies cambiantes y sinuosas que pueden
adquirir los nuevos materiales industriales (en especial
los plásticos y el cemento, que son moldeados
para lograr las curvas que la nueva arquitectura incorporará
desde mediados del siglo) (Huyghe, 1972, II: 221 y ss.).
|