Elsa Morales, su voz interior y otros espíritus (*)
 


Roxanna Rodríguez Carpio

 

 

 

 

¿Para que vivir en el pasado que es un tirano cruel que nos ata y no nos deja avanzar? el pasado en muchos casos se debe mantener a raya, buscarlo de vez en cuando para saber donde se guardan los buenos y los malos momentos; revisarlo sólo cuando por nostalgia o un simple ejercicio de memoria debamos desentrañar entre sus nieblas aquellas imágenes que nos sean útiles para armar el rompecabezas de las historias olvidadas, los amores que ya no están o encontrar las sonrisas atrapadas.

El pasado es recuerdo, puede ser bueno o malo pero se debe volver a él con el firme propósito de aprender ya que solo así luego de navegar por sus olvidados y recónditos meandros se puede llegar a tierra firme y caminar, cargado, no de lastres, sino de sabiduría, hacia el presente.

Por eso en esta oportunidad no me remontare al pasado porque el presente de Elsa Morales supera en creces esas amargas memorias del tiempo. Sólo puedo señalar que la de Elsa no fue una historia fácil pero eso queda atrás, guardado en el mismo baúl donde atesora no solo las cartas de amor, las flores secas y las lagrimas sino también las fragancias, los besos, los momentos bellos, el amor y las satisfacciones.

El presente de Elsa Morales es el arte. Lo fue desde aquella exposición en 1969 cuando de la mano del Prof. Francisco Da Antonio se dio a conocer y comenzó este camino lleno de color que ella misma pintó y trazó con sus colores llenos de esperanza.

El arte se convirtió en alma, su vida, en la energía que le permite crear sin detenerse, es la luz que motoriza cada instante y a lo largo de ese camino lleno de color, de imágenes, de fantasmas y de poesía ha levantado su vida, sus amigos, ha creado su mundo.

 

El arte se transformo en su fortaleza y desde ella nos conquista a primera vista y sin conocerla con sus personajes, con esos grandes ojos que te atrapan en sus cuadros que parecen poemas vueltos imágenes y plasmados en colores.

Su obra plástica se caracteriza por el uso del color, que se convierte en metáfora, determina sus estados de animo, transformando sus obras en una explosión para los ojos del espectador, no sólo por el manejo del mismo sino por la composición que trabaja en cada cuadro.

Elsa Morales es netamente colorista: a través del uso del color puro y sobre todo de los azules, rojos, amarillos y verdes crea el universo donde se desarrollan sus historias. Su trabajo es la caricaturización de la vida y los personajes son creados casi a manera de vitral ya que una línea negra es la que va definiendo la forma y marca el espacio; esa misma línea a su vez, crea el efecto del casi inexistente volumen que poseen algunas de sus figuras.

La figura humana es importante para Elsa. Sus personajes son hieráticos, de cara plácida y con grandes ojos que escrutan al espectador como preguntándote que sientes cuando los ves. El ser humano es el eje principal de su obra, de donde deviene su preocupación por los temas como la paz, el amor, la soledad y la muerte.

La naturaleza es otro elemento que siempre esta presente de alguna u otra forma en sus cuadros de Elsa dejando el paisaje como un elemento decorativo que puede ser solo representado a través de una hoja o una flor o con pequeños pájaros que acompañan a los personajes ya que en muy pocas oportunidades crea paisajes como fondo de sus cuadros.

 

Otros elementos importantes y recurrentes son el sol y la luna; ellos son testigos mudos de la vida los personajes que siempre resaltan desde un fondo azul muy oscuro a pesar del brillo del mismo. Ese es otro detalle que siempre se observa en sus cuadros; parece ser de noche y el cielo carece de nubes o matices de color.

Trabaja variados temas, que van desde lo religioso hasta lo erótico y en los mismos se entremezclan lo onírico, lo mágico, lo mundano, los recuerdos, los ideales y toda esa carga que posee Elsa Morales en su interior.

Tal vez marcada por el movimiento de los 60’s y su espíritu lleno de amor hacia los demás, una de sus preocupaciones fundamentales y tema recurrente en su obra es la paz de la cual posee una serie que no sólo se limita a la obra bidimensional sino que se traslada a su trabajo experimental y poético.

En esta serie resalta la obra “De que paz me habla el hombre” y “Paloma”, en ambas obras el personaje principal es una paloma de gran tamaño que sobresale por encima del hombre, tal vez como representación de la necesidad de pasar por sobre los conflictos y pensar en la búsqueda del equilibrio porque sin la paz la muerte va a ser el resultado inmediato.

Otro tema recurrente es el de la mujer. La figura femenina siempre está presente en los cuadros de Elsa Morales. Tal vez muchas veces sólo sean pequeños detalles que acompañan al conjunto pero están presentes de manera reiterada. Muchos de sus cuadros están cargados de sensualidad, que trasmite a través de las miradas picaras o los cuerpos desnudos de los personajes.

 

La desnudez no es problema, ya que ella la plasma con la libertad que caracteriza su espíritu. Es muy común encontrarse personajes que nos muestran sin complejos sus cuerpos como por ejemplo la obra “Mujeres con pájaro naranja” donde las dos mujeres del cuadro retozan plácidas como flotando e invitando al espectador a compartir ese espacio de tranquilidad y plenitud que nos muestran sus rostros.

Los artistas populares en general trabajan muy poco el desnudo, son contados los que se atreven a planteárselo como tema pero Elsa nos invita a compartir esa desnudez de la piel como metáfora de desnudez del alma, para que abandonemos nuestros yugos y seamos libres.

Dentro de esas experiencias donde busca liberar los estados de conciencia, Elsa trabaja lo religioso desde su visión de cómo son sus santos. No representan la iconografía tradicional aunque guardan los elementos característicos para poder identificarlos como en el caso de “La virgen de Coromoto” o “San Antonio”. Sin embargo, ellos toman vida propia en los lienzos como en “Cristo con flores” y se convierten en los santos de Elsa, tal cual ella los ve y como quiere que nosotros los veamos.

Su obra en general trabaja el doble sentido y esta cargada de descontento y critica, pero esto puede variar y, generar en sí misma, los sentimientos más místicos y elevados incorporándolos a la más ácida crítica social. Un ejemplo de esta posición ante la vida es la obra “El día que los perros rieron” que ella deja al libre albedrío de su interpretación pero que nos hace reflexionar sobre las sorpresas que la vida puede darnos.

Elsa Morales se ha caracterizado por ir a la vanguardia. Su obra no se limita a lo bidimensional, su trabajo experimental se caracteriza por la ruptura, por la búsqueda. No tiene miedo a probar, realiza ensamblajes, instalaciones o simplemente interviene los más variados objetos: mesas, cornetas o cualquier objeto que pueda ser alterado.

 

En esta exposición podremos ver algunas de sus cajas. Pequeñas cajas mágicas que recogen objetos, santos, poemas. Son como armar pieza por pieza un rompecabezas: pequeñas vitrinas de momentos congelados en el tiempo, para recordar la caja de tesoros de cuando éramos niños y donde con celo recogíamos nuestros sueños y esperanzas.

Así se nos presenta esta vez Elsa Morales, con sus obras que son las hojas del gran árbol que es ella, que nos invita a adentrarnos en una aventura que debe asumirse como un cambio sobre la conciencia de uno mismo porque al escucharla, ver sus obras o leer sus poemas podemos reencontrarnos con las fibras más intimas de su alma y reconocer su voz interior que nos arrulla, acompaña e interpela a través de sus cuadros.

Bienvenidos entonces a escuchar esa melodiosa voz y conocer el interior de Elsa Morales.



(*) Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas/ Octubre 2003 Folleto


Imágenes

1_ autoretrato
2-Los Pajáros se van con Luna. 2002
3_Sin Titulo(Bodegón con Flores), 2003
4_Sin Titulo, 2003
5 _Sin Titulo,2003


 

 

 

 

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